El peor de los crímenes

Qué clase de ser humano debe de ser alguien para hacer lo que tú hiciste.

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Qué clase de ser humano debe de ser alguien para hacer lo que tú hiciste. Qué tipo de veneno debe de recorrer por tus venas para terminar con la vida de tu hija como lo hiciste tú. Que retorcida mente debes de tener para querer hacerle daño a tu mujer degollando a tu hija de dos años.

De verdad que no llego a entender cómo se puede llegar a ese punto de coger un cuchillo, irse para un ser indefenso de tan solo dos años, sangre de tu sangre, y degollarla con la sangre fría de quien lo hace como se puede hacer cualquier otra cosa en esta vida. Es duro, muy duro, pensar que por el simple hecho de querer dañar a tu mujer, a la madre de tu hija, te sientas con el derecho de acabar con la vida de la pequeña, con un ser de dos años que acababa de empezar su vida. Claro está, que lo único que has demostrado es la valentía de un ser rastrero, de un animal cobarde que solo eres capaz de enfrentarse o de dañar a personas indefensas o más débiles que tú, por ejemplo, tu mujer o tu hija de dos años.

Alguna vez leí que para ser padre no solamente hay que traer niños a este mundo, sino saber cuidarlos, ganarse día a día ese título, y tú has demostrado, como tantos otros en este país que dañan a sus hijos, que no eres merecedor de llevar ese nombre.

Has manchado tus manos con la peor sangre con la que se puede uno manchar, la de su propio hijo. Y todo ello para qué. ¿Para dañar a tu mujer, a esa misma que maltratabas día tras día, y que harta de la violencia a la que sometías a tu familia iba a denunciarte? ¿Para sentirte superior en tu espiral de violencia domestica? ¿Para seguir sintiéndote el macho dominante? Pues has conseguido dejar a una madre muerta en vida, porque por lo demás solo has demostrado que eres un ser de la peor calaña, un animal capaz de cortarle el cuello a su hija en un intento de revancha hacia su madre, eres la encarnación del mal personificado. Y, por mucho que intentes purgar tu pena, siento decirte que esa sangre que sobre ti recayó en ese macabro día te acompañará cual Caín hasta el día de tu muerte. Eres un ejemplo más, por desgracia, de cómo algunos usan a los hijos, a los menores, como armas arrojadizas para dañar al otro progenitor. Eres un ejemplo más de la lacra que, por desgracia, hoy en día asola nuestra sociedad poniéndole cara los maltratadores de la violencia de género.

Lo siento, pero por más que intento entender cómo se puede llegar a esa situación no consigo comprenderlo. Por más que lo pienso lo único que me das es asco. Asco de compartir género contigo, asco de que seres como tú puedan convivir en la misma sociedad en la que lo hacemos los seres civilizados, asco de que alguna vez te hayas llamado “padre”, porque lo que tú eres, por más que a algún compañero de profesión le toque defenderte, es un asesino.

Solo espero que esa madre algún día encuentre el consuelo que hoy no tiene y a ti desearte que, por este delito que has cometido, y conociendo como es el mundo de las cárceles, la ley de prisión que imparten los reclusos te sea leve.