El peligro del desánimo

La batalla contra el tráfico de drogas es tan antigua y difícil que la resignación siempre puede aparecer

La Voz de Cádiz
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Nunca como en estos últimos días, los habitantes de la provincia de Cádiz y, especialmente, en el Campo de Gibraltar, han tenido claro que la batalla social contra el narcotráfico en esta tierra no tendrá descanso. La ubicación geográfica del territorio, la plaga crónica del desempleo y los intereses de las mafias locales, nacionales o internacionales (se les llame cárteles, clanes o familias) forman un cóctel envenenado. Nada de lo que sucede es nuevo. Cualquiera con ganas de buscar la verdad encontrará precedentes a lo que ocurre hace diez o veinte años. Nada sucede de un día para otro. Pero que sea un problema muy antiguo no lo alivia, ni lo justifica. Bien al contrario, todos los conflictos que no se resuelven o se afrontan tienden a complicarse. Y eso está pasando. Crece la impunidad. Crece la sensación de falta de respeto a la autoridad. Crece un cierto respaldo ciudadano a la infantería del delito, con la excusa de que no tiene alternativas para subsistir. Y con ese caldo de cultivo, la hiedra crece y crece. A veces miramos y la vemos crecer. Otras veces miramos hacia otra parte pero sigue creciendo igual. Los tráficos ilegales (de drogas, de personas, de armas...) sólo remiten si son perseguidos. De lo contrario, no entienden otra situación que pisar el acelerador las 24 horas de cada día. Los traficantes no descansan y renuevan sus argucias ilegales constantemente para burlar a policías y guardias civiles. Hace unos meses apareció un sistema de radares ocultos en una vivienda de La Línea, en primera línea de playa. Era una pequeña muestra, entre muchas, de la especialización que han tomado estas redes criminales.

Las bandas están cada vez más modernizadas, cuentan con más «soldados». La Guardia Civil aseguraba tras la muerte del niño en Getares que las mafias tienen ejércitos a los que pagan sueldos que ninguna multinacional ofrece a sus ejecutivos. A ese monstruo nos enfrentamos. Porque cuando el plan les sale bien –que sucede en muchas ocasiones–, las drogas les dan mucho dinero y lo reinvierten en medios para seguir ganando. En cambio, enfrente, está la Ley, siempre garantista y lenta para ser segura. Y un Gobierno, sea el que sea, lleno de limitaciones presupuestarias y burocracia. Y unos Cuerpos de Seguridad del Estado a los que siempre acechan el des-ánimo y el abandono.

Es una guerra larga y dura. Empezó hace mucho y va a durar mucho. Conviene no rendirse pero tampoco engañarse. Y, siempre, conocer al enemigo.

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