El Apunte

Peatones pero bien

La teoría de la limitación del tráfico en el centro tiene el apoyo de muchos. Su aplicación práctica aún es muy deficiente

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Es una idea que cuenta con un apoyo mayoritario en casi todas las localidades. Cerrar, o limitar, el tráfico de las calles más céntricas resulta conveniente para vecinos y para comerciantes, incluso para taxistas que recobran una ventaja respecto a otros medios de transporte. Muy pocos están en contra. Pero se trata de hacerlo bien. Con previsión, con difusión y divulgación, con medidas de concienciación, primero, y de vigilancia, después. En la capital gaditana, ese esperado proceso se ha puesto en marcha sin ninguna de esas medidas previas imprescindibles. A las ciudades de la provincia de Cádiz, a las mayores, más históricas, antiguas y pobladas, les quedan pocas industrias más allá del comercio, el ocio y, en suma, el turismo, entendido como una oferta de ocio, hostelería y cultura para distintos tipos de público, de diversa procedencia, edad, y poder adquisitivo.

Todos esos visitantes potenciales, españoles o extranjeros, más los residentes, muy jóvenes o muy mayores, tienen un interés común es el de la calidad de vida. Ninguna prioridad como la calma, la pausa y el paseo cuando se visita algún destino turístico en el que conocer y disfrutar. Para conseguir, mantener o ampliar esa sensación de tranquilidad, el tráfico rodado es un gran obstáculo. En cualquier gran ciudad, o incluso pueblo diminuto, en un paraje rural, es necesario acotar y regular el paso de automóviles, de motos, para que la experiencia sea positiva.

Para lograr ese espacio, es preciso transmitirlo correctamente y que los servicios de transporte público funcionen con eficiencia. También, que los espacios para aparcamiento y las normas para las mercancías están claras. Luego, hay que velar porque todas las reglas se cumplan. El Ayuntamiento de Cádiz parece haberlo entendido en la teoría pero está suspendiendo en la práctica, en la aplicación.

Aunque el Ayuntamiento de Cádiz ha avanzado mucho en el cierre de calles al tráfico durante los últimos 30 años, como los mayores de la ciudad podrán comprobar si hacen memoria, ha llegado el momento de culminar ese proyecto. Un casco antiguo que tiene su mayor distancia posible en 1,8 kilómetros en línea recta y que tiene en el turismo cultural una de sus escasas esperanzas económicas debe abrir cada año más vías al paseo y cerrarlas al motor. Pero hay que hacerlo, siempre, con previsión, respeto y firmeza.