Miguel Ángel Tamarit, empresario cordobés, afirma que "en Cádiz es difícil invertir; son graciosos pero no trabajan"
Miguel Ángel Tamarit, empresario cordobés, afirma que "en Cádiz es difícil invertir; son graciosos pero no trabajan" - l. v.
OPINIÓN

A palabras necias, oídos sordos

No merece la pena perder un segundo tratando de luchar contra tópicos absurdos

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Pues qué quieren que les diga.A palabras necias, oídos sordos. Personalmente no me siento ni mínimamente afectado por las declaraciones de un señor de Córdoba diciendo necedades sobre la idiosincrasia gaditana. Que si somos vagos, que si graciosos, que si lo único que hacemos es ir a pescar. Lo de siempre. El sambenito. Un aburrimiento de gente. Ni tan siquiera me uno a la ola de los que le han exigido una rectificación. Allá él. No ofende quien quiere, sino quien puede. Y es evidente que personas como él –o como aquel otro que se burló de Teresa Rodríguez aduciendo también que aquí todo es cachondeo– no pueden. Porque por lo visto lo que no sabe el tal Miguel Ángel Tamarit es que nadie da muestras de mayores signos de falta de inteligencia que aquel que recurre a los tópicos para andarse por la vida. Este hombre de verdad pensará que todos los gaditanos somos vagos, como pensará que en EEUU todos van con gorro de vaquero, que todos los ingleses llevan bombín o que todos los chinos son iguales. Y qué me dicen de las sevillanas, todas vestidas de flamenca por la calle Sierpes de enero a diciembre. No cabe duda que el tópico sobre Cádiz y los gaditanos existe, qué le vamos a hacer. Y no merece la pena tratar de analizar si es cierto o no, si nos lo hemos ganado con más o menos ahínco. Pero lo que es obvio es que los Tamarit del mundo –con perdón del genial maestro de la magia– no han leído un libro en su vida. Ni parece que hayan viajado. No se han preocupado de conocer el mundo que les rodea, ni tan siquiera el mundo que tienen a dos horas y media de coche.Simplemente recurren al tópico para tratar de ocultar su propia incapacidad, su falta de conocimiento, su necedad. Su estupidez, entendida como ‘torpeza notable en comprender las cosas’, que así la define la RAE.

En lugar de afectarnos y lanzar las patas por alto, los gaditanos deberíamos ‘castigar’ a este tipo de personas con nuestra indiferencia. Y perseverar en el camino de darle la vuelta al tópico, aunque es evidente que eso va a ser labor de varias generaciones. Como la del mito de los mariquitas que venían en barco y tantas memeces por el estilo. Sigamos levantándonos cada mañana para salir a trabajar, mantengamos el pulso y la tensión para que nuestra economía siga creciendo. Y nuestra tasa de desempleo bajando. Ignoremos al necio, que sólo puede distraernos y hacernos perder tiempo. Y por supuesto, mantengamos nuestras verdaderas señas de identidad. Nuestro carácter afable y abierto, nuestra capacidad de disfrutar de las cosas pequeñas, de reírnos. A ver si al final lo que nos van a tener es envidia.