Antonio Ares Camerino

Otras estrellas

El formato es idéntico, nada los diferencia. Da igual que veamos la edición italiana, la inglesa o la americana, que nos enganchemos a la nuestra. Hasta el decorado es una burda copia literal

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El formato es idéntico, nada los diferencia. Da igual que veamos la edición italiana, la inglesa o la americana, que nos enganchemos a la nuestra. Hasta el decorado es una burda copia literal. Lo que varía es la locuacidad y la vehemencia del jurado, y sobre todo las excelencias de nuestras materias primas. Seguro que las nuestras son de mucha mayor variedad y calidad.

Hace unos días se ha estrenado una nueva edición de Master Chef. Lo tenemos en versión pura y dura de concursante valiente y atrevido, en modelo celebrit osado y de pocas nociones culinarias, y hasta en formato infantil. Un premio cuantioso y la posibilidad de formarse en las mejores escuelas internacionales de cocina y de editar un libro de recetas, que seguro que se venderá como rosquillas, es la meta a conseguir.

Aunque hay algunos, como Bertín Osborne, que sin saber encender la vitrocerámica y temiéndole a las salpicaduras de aceite cuando se echa un huevo a freír, han vendido miles de ejemplares de un libro de recetas de cocina, de esas que están por internet, sin nada de enjundia ni aportación personal que las haga distintas. La meta de cualquier profesional de la cocina es conseguir una estrella. Esa estrella Michelin que enaltece los fogones y da el plus sublime al esfuerzo del método y el rigor en la cocina. De la mandolina más sofisticada al sifón más puntero, del nitrógeno líquido a la espuma consustancial con sabor a tierra con toques de horizonte marino. Nada se resiste a las nuevas experiencias, a los sabores por descubrir y a las ignotas texturas.

En nuestra capital existen buenos restaurantes, pero ninguno ha sido reconocido con el ansiado premio estrellado. Son más de platos tradicionales, elaborados con buenos productos del mar, de la huerta y de la campiña. Pero no desesperemos, tenemos la suerte de tener otras estrellas, reconocidas por los que más lo necesitan, y que solo entiende de hambre. La ruta empieza al alborear el día. A la espalda de lo que fue la antigua Lonja de Frutas y Verduras, en pleno Puerto Chico, se encuentra Calor en la Noche.

Allí podrás disfrutar de un señor desayuno ofrecido con toda la calidez solidaria del primer sustento del día. Avanzado el medio día, en la confluencia del barrio de La Viña con el de San Lorenzo, en el otrora Callejón de la Cerería, las manos primorosa del comedor de María Arteaga te ofrecerán un guiso de los de antes, de esos que levantan a un muerto y que te dejan el regusto a estómago satisfecho.

Al atardecer, para completar la ruta, hay que llegar hasta La Catedral, cerca de lo que es el Seminario de San Bartolomé, se encuentra Virgen de Valvanuz. La enjundia de sus variadas sopas da el calor suficiente para aquellos que puede que tengan las estrellas por techo cada noche. No olvidarnos de la estrella de Extramuros, en pleno Cerro del Moro, donde aún no ha llegado la suerte de la rehabilitación, allí esta Amigas al Sur. Desde muy temprano aquello es punto de reunión.

Su cocina siempre está encendida, y por los alrededores existe siempre un halo de buen apetito y mejor agradecimiento.

Tenemos las estrellas que tenemos, pero estas sí que son de verdad.

Antonio Ares