José Colón Sánchez - ARTÍCULO

Ofensas desde la grada

Leo en La Voz que la LFP denuncia insultos de seguidores del Cádiz hacia los ovetenses en su pasada visita al Carranza

JOSÉ COLÓN SÁNCHEZ - Actualizado: Guardado en:

Leo en ‘LA VOZ’ que la LFP denuncia insultos de seguidores del Cádiz hacia los ovetenses en su pasada visita al Carranza. concretamente, se tachan como ofensivos unos cánticos en los que se entonaba «puta Oviedo» en un par de lances protagonizados por jugadores de aquel equipo.

Hasta ahí, la normalidad. Que la LFP pida aplicar la Ley 19/2007, de 11 de julio, contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte, en cuya exposición de motivos puede leerse que «los valores constitucionales que con tanto esfuerzo hemos recogido en la Constitución y desarrollado en nuestro país, deben ser defendidos y respetados, en este ámbito también, como parte sustancial de la norma que permite la convivencia pacífica entre los ciudadanos, pues la erradicación de este tipo de conductas violentas en el deporte es uno de los antídotos más eficaces contra cualquier otro tipo de fanatismo y de intolerancia intelectual ante la diversidad».

Lo anormal surge cuando contrastamos la reacción de la Liga –por un par de hechos puntuales, aunque merecedores de reproche– con la quietud ante la sistemática vulneración de la Ley en el estadio gaditano, donde puede oírse todos los días de partido –y siempre provenientes de la misma zona del graderío– una curiosa versión del himno oficioso creado por Manolo Santander donde la frase «han conseguido el respeto de toda España» aparece menos melódica, sustituyéndose el adjetivo indefinido por otro malsonante. Escribiendo en Román paladino: que se dice –claramente-– «de puta España».

El artículo 2 de la mentada Ley define qué se entiende como «actos o conductas violentas o que incitan a la violencia en el deporte», señalando entre ellas la entonación de cánticos […] que constituyan un acto de manifiesto desprecio a las personas participantes en el espectáculo deportivo. Y, como «acto intolerante en el deporte» define, entre otros, «la entonación […] de cánticos, sonidos o consignas que contengan mensajes vejatorios o intimidatorios, para cualquier persona por razón del origen racial, étnico, geográfico o social […] así como los que inciten al odio entre personas y grupos o que atenten gravemente contra los derechos, libertades y valores proclamados en la Constitución».

A pesar de la claridad del texto legal, la impunidad campa por sus fueros. Pero no busquemos responsables solo en la grada. El artículo 3 de la Ley señala a los organizadores del espectáculo como garantes para para evitar la realización de las conductas descritas y velar por el cumplimiento por parte de los espectadores de las condiciones de acceso y permanencia en el recinto. Hasta donde llega mi información, ninguna medida se ha adoptado por la dirección del club en ese sentido y dicha pasividad podría calificarse como infracción grave, que puede sancionarse con multa de 3.000,01 a 60.000 euros y –lo que sería más gravoso para el resto de aficionados respetuosos con la Ley y las más elementales normas de convivencia– la clausura temporal del recinto deportivo hasta un máximo de dos meses.

Y quedaría por analizar la pasividad de nuestra máxima autoridad municipal –dueña del estadio– ante la vulneración de la Ley. Pero eso sería meterse en un barrizal. Siempre podrá alegar como excusa que, desde donde se sienta, no se oye nada.

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