La obligación de querernos

Nunca es buen momento para rendirse: Cádiz debe reivindicar su virtudes frente al cliché

La Voz de Cádiz
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Cada pocos meses resurge la iniciativa. Tan necesaria como loable, tan justificada como compleja, de situar a la provincia de Cádiz en su verdadera dimensión. Esa que trata de contar que esta tierra, la situada más al Sur de la Península Ibérica y de todo el continente europeo, es algo más que paro y tipismo, mucho más que gracia y exotismo, sol, playa, paro y gente simpática. Los promotores siempre son los dirigentes de esa patronal que sufre directamente los embates del tópico dañino, del prejuicio interesado y haragán.

Ayer, reunió a un grupo de gaditanos que mayoritariamente trabaja fuera de los límites provinciales para convertirlos en aliados en esa eterna y titánica lucha contra la imagen estereotipada de Cádiz, esa que permanece con tanta fuerza y oculta una ingente riqueza cultural, un gran potencial industrial y humano. Ese grupo, denominado ‘lobby’ –a semejanza de los que hacen presión regulada y legítima en la cultura anglosajona– se denomina La 11Mil (en un juego de términos con el código postal de la provincia). Afirma que tratará de trabajar en varios frentes para ofrecer una imagen de Cádiz como lo que es pero no se ve, como provincia innovadora, exportadora y, sobre todo, con talento humano, con capacidad profesional y artística, cretiva y productiva. La sede de la Confederación de Empresarios de Cádiz (CEC). Se trata de una ilusión activa, de un sueño real que quiere colocar esta tierra en su lugar haciendo gala de su excelencia, la natural y la otra, la que producen sus habitantes. La presencia en este alumbramiento de numerosas autoridades políticas, empresariales y sociales suponen el mejor aval. Lástima que, como siempre, faltaran los representantes muncipales de Cádiz que prefieren la retórica a los hechos, los versos de pasodoble a los resultados tangibles.

No es la primera vez que se produce este movimiento. Ni siquiera es la primera vez que nace en Madrid, impulsado por gaditanos rebeldes ante los clichés que sufren un año tras otro. Alrededor del Bicentenario de la Constitución de 1812, tan desaprovechado por cuitas partidistas, apareció otro similar que quedó en poco. Pero nunca es buen momento para rendirse y siempre hay que reclamar lo que es justo. Y el hecho de reivindicar, elevar, exportar y vender el mejor concepto de Cádiz lo es. Ya basta de lamentos y victimismo. Hay que ponerse al frente de la idea de que nadie vendrá a rescatarnos.

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