OPINIÓN

Año nuevo, prácticas antiguas

Lo que si sabemos este año es que las entradas costaran más caras que el año pasado.

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Nos encontramos con un nuevo año. El 2018 ha llegado ya a nuestras vidas a sustituir al año anterior. Todos nos felicitamos por este hecho, por estos nuevos 365 días que se nos vienen por delante. Hacemos todos nuevos propósitos para una nueva vida, aprender un idioma, dejar de fumar, hacer régimen, apuntarnos al gimnasio…, pero al final caemos en las mismas trampas que cometíamos el años anterior.

Este año el concurso oficial de carnaval nos viene a bocajarro. Como casi nunca ha pasado, aun no habremos quitado el nacimiento cuando ya estemos sacando los pitos de carnaval, el espíritu de Don Carnal, los erizos y los ostiones. Pero hay cosas que, por muchos propósitos que nos hagamos, seguirán acompañándonos, tales como la tradicional acampada de aficionados para comprar las entradas del concurso.

Cuando aún nadie sabe dónde se venderán o que día saldrán a la venta, ya hay asentamientos de “aficionados” en los sitios donde habitualmente se han vendido. Me da exactamente igual si las personas son de Cádiz como si son de más allá de los puentes, lo que está claro es que la ciudad no puede dar esa imagen. Básicamente, porque las personas que lo vean y no entiendan de la fiesta, no comprenderán las sesudas explicaciones de los que las defienden y que se basan en la afirmación “pues eso es lo que hay”. Como si con esa chulería se justificara la imagen tercermundista que se da con esos asentamientos “quasi chabolistas” que se organizan alrededor de las presuntas taquillas agraciadas.

Por otro lado, desde la concejalía de Fiestas se intenta atajar, en su momento, el problema diciendo que con la suficiente antelación se dirá el sitio donde se venderán las entradas. Lo que no tengo claro es cuál es el concepto de “suficiente antelación” que dicha concejalía maneja. Ya que el anuncio se hace con el problema en la calle, con horas de diferencia con respecto a la puesta a la venta y a menos de 5 días para que comience el concurso, sin contar los días de fiesta que hay por medio. Será que alguna es fiel seguidora de Einstein y mantienen la relatividad especial de la dilatación del tiempo.

Lo que si sabemos este año es que las entradas costaran más caras que el año pasado. Este concurso subirá entre dos y tres euros el poder acudir a escuchar el concurso de coplas de nuestra ciudad. Y ello debido, según el Ayuntamiento, a que este año se reservan un número determinados de asientos a personas discapacitadas auditiva o físicamente para cumplir la normativa. Lo que no queda claro es qué relación existe entre esas reservas y la subida de precio.

No sé si desde el equipo de Gobierno se pretende culpar a este colectivo de esa subida, ya que sería algo profundamente desafortunado por su parte. Porque yo me pregunto, ¿Qué tiene que ver unas reservas con dicha subida? ¿Es que esas reservas son un privilegio para estas personas y debe de ser sufragadas por el resto de los ciudadanos que asistan al teatro? ¿Acaso para poder cumplir la ley hay que recargar las entradas del resto de los asistentes? Me parecen muy desafortunadas dichas declaraciones al mezclar “las churras con las merinas”, echándole la opinión pública encima a dicho colectivo humano.

Lo que está claro es que tenemos año nuevo pero las prácticas en torno al concurso del Carnaval siguen siendo las mismas prácticas antiguas, a las que habrá que sumarle el echarles las culpas a un determinado colectivo para justificar la subida de los precios.