Julio Malo de Molina - OPINIÓN

Matorral Genealógico

Toda la actual población humana desciende de un solo individuo que vivió en África hace unos 150.000 años

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Hay cosas que todo el mundo debe saber pero parece olvidarse a veces: Tenemos dos padres, 4 abuelos, 8 bisabuelos, 16 tatarabuelos, 34 ascendientes en quinto grado; y así cada generación anterior duplica el número de ancestros. Nuestro ADN procede al 50% de nuestros padres, el 25% de cada abuelo, el 12,5% de cada bisabuelo, y sucesivamente del resto de nuestros numerosos ascendientes. Si nos remontamos 30 generaciones, lo que nos llevaría a mediados del siglo XIII, cada uno de nosotros tendría 1.073.741.824 antepasados; y si aún vamos más lejos en cada generación se duplica el número.

Algo llama la atención en este cálculo: un billón de seres son muchísimas más personas de cuantas han existido durante toda la historia de la Humanidad. Además en el siglo XIII la población humana era muy reducida; la explicación es sencilla, pues descendemos de todos los hombres y mujeres que había y además muy repetidamente de cada uno. En otras palabras, somos descendientes de la mayor parte de los humanos de aquel tiempo y por muchas líneas diferentes. Cuando decimos que todos somos hermanos es porque lo somos realmente. 

De cada uno de nuestros antepasados tenemos la misma carga genética. Da igual que sea del que llevamos el apellido, que de la abuela de la abuela de la abuela, de la cual ya no queda rastro alguno en la memoria familiar. Cuando se pretende conocer a los descendientes de Moisés, Salomón, Aristóteles, Cleopatra, Viriato, Telethusa o Averroes, la respuesta es muy sencilla, ya que eran mis propios antepasados directos y los de quienes me leen. Compartimos la sangre y el código genético de: reyes, sabios, guerreros, artesanos, campesinos, artistas, poetas; y también de psicópatas y de asesinos en serie. Cada uno de nosotros portamos genes de todos o de casi todos los pueblos de la tierra.

Hace algunos años se descubrió en la ciudad inglesa de York un cráneo humano de unos ocho mil años de antigüedad, una vez descifrado el ADN del resto antropológico se realizaron muestras de código genético a una serie de personas residentes en la comarca, de diferentes clases sociales y diversa procedencia, incluso inmigrantes; todos resultaron ser descendientes de ese personaje ancestral a quien ya se le conoce como «el abuelo de York».

Hace un par de años, la revista de divulgación científica 'National Geographic' dio a conocer el trabajo de un equipo de investigadores americanos quienes al estudiar muestras de ADN llegaron a una conclusión: toda la actual población humana desciende de un solo individuo que vivió en África hace unos 150.000 años.

El 'Hombre Moderno' es una especie reciente que sin embargo se ha extendido en poco tiempo por todo el planeta, diversificándose sin perder su condición de animal gregario. Al margen del origen más remoto de la especie, la aritmética de nuestro entramado genealógico más inmediato hace injustificable algunas de las lacras que el mundo moderno padece, tales como: insolidaridad, opresiones, desigualdades y guerras.

Cuando el Emperador de Japón Hirohito, firmó en 1941 la declaración de guerra contra Estados Unidos, a la cual se oponía pero era un monarca constitucional y no podía negarse al acuerdo del gobierno, escribió: «Todos los hombres somos hermanos, constituimos una gran familia, ¿por qué hemos de desatar esta tempestad?». Pensar todo esto ahora induce a recordar los valores de la Revolución Francesa: libertad, igualdad y fraternidad; principios que la sociedad moderna creía consolidados y la crisis financiera desatada en 2008 ha querido cuestionar.