Antonio Ares

Longevidad Antonio Ares

¿Qué tienen en común los habitantes de la isla japonesa de Okinawa, algunas familias sardas y una comunidad religiosa adventista de Loma Linda en California?

Antonio Ares - Actualizado: Guardado en:

¿Qué tienen en común los habitantes de la isla japonesa de Okinawa, algunas familias sardas y una comunidad religiosa adventista de Loma Linda en California? A parte de no fumar, mantener una vida familiar y social plenas, llevar una dieta rica en cereales integrales, frutas y verdura y mantenerse activos físicamente, que son los más longevos del planeta.

Según los expertos el envejecimiento y la longevidad están relacionados con los telómeros. Esos restos de material genético que se encuentra en el extremo de nuestros cromosomas y que se van perdiendo a lo largo de la vida. No contienen información genética alguna pero pronostican nuestro envejecimiento. Hasta ahora el ser longevo dependía de dos factores, una carga genética hereditaria a prueba de centenario y unos hábitos de vida saludables. Entre ellos, todos los que tienen que ver con el proceso oxidativo al que nos llevan los radicales libres. Envejecemos y morimos por un exceso de oxidación. Para combatir este óxido nada como una dieta variada y equilibrada, con abundantes frutas y verduras y pobre en grasa animales, mantener una actividad física acorde con la edad, llevar una vida familiar y social satisfactorias, no realizar actividades de riesgo, dormir el número suficiente de horas, consumir poca cantidad de bebidas fermentadas y procurar ser felices. Estudios científicos han avalado que el ejercicio físico aumenta nuestra esperanza de vida en cinco años, que el consumo de cereales enteros disminuye la muerte prematura en un 7% y que comer poco retrasa el envejecimiento.

Lo que nunca se había demostrado es que el simple acto de leer alarga la vida. Un estudio publicado en la Revista Social Science and Medicine concluye que las personas lectoras de libros viven más. Leer una media de 3,5 horas a la semana alarga la vida un 17%. Cuanto más se lee más años añadimos a nuestro particular almanaque. Son casi dos años de propina los que conseguimos con el placer de la lectura. El estudio realizado en la Universidad de Yale, en cerca de 4.000 personas seguidas durante 12 años, elimina factores de confusión como pueden ser el sexo, la raza, la obesidad, el estado de salud y el nivel económico. Lo que no evalúa son los géneros literarios ni la calidad contrastada de la obra. Da igual que sea un clásico, que un best seller o un novelón infumable. Lo que sí asegura es que la lectura de la prensa no tiene esos claros efectos sumatorios en años de vida, será por las malas noticias con las que nos despertamos todos los días. A partir de ahora las bibliotecas públicas y las librerías deberían pasar a formar parte de nuestro particular sistema sanitario.

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