Adolfo Vigo

Jaque mate

Rajoy es un genio como estadista o, simplemente, es un loco que no se atreve a mover pieza

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Recuerdo una anécdota que contaba ese gaditano nacido en Inglaterra, Michael Robinson, de cuando Johan Cruyff le contó en la barra de un bar como sería el planteamiento que aplicaría en el F.C. Barcelona cuando llegó a ser entrenador. Michael pensó «O es un genio, o es un loco», y, posteriormente, Cruyff revolucionó el sistema del fútbol moderno inventándose esa maravilla llamada el ‘Dream Team’. Pues bien, en la situación en la que actualmente estamos con la independencia de Cataluña, eso mismo se podría pensar de Mariano Rajoy. Podríamos plantearnos si con ese hacer sin hacer que se está llevando a cabo por el Gobierno, Rajoy es un genio como estadista o, simplemente, es un loco que no se atreve a mover pieza.

En este momento en el que muchos piden a gritos la aplicación del artículo 155 de la Constitución para la solución del problema creado por esos secesionista de ego hinchado, el presidente se plantea sus propios tiempos. Como bien dice el refrán “mas corre el galgo que el mastín, más si el camino es largo, más corre el mastín que el galgo”. Pues bien, Rajoy es ese mastín que corre a su propio ritmo, sin el ímpetu de querer llegar primero, pero si con la meta fijada en llegar, por más largo que sea el camino, por más trabas que ponga el contrario.

No hay que dejar de reconocer que a Mariano Rajoy le puede su flema gallega en contra posición a la sangre caliente que corre por las venas de muchos españoles. En este momento es muy fácil solicitar la suspensión de las competencias de la Generalidad, como bien solicita algún que otro dirigente. Pero es que hacer eso frente a la sinrazón independentista conllevaría únicamente a una situación de confrontación aún más fuerte, ya que el Gobierno se vería obligado a terminar mandando el ejercito a Cataluña para tomar por la fuerza las competencias, ya que el Gobierno catalán no las entregarían al no reconocer al Estado español.

Es cierto que Rajoy no tiene una especial conexión con el ciudadano de a pie, no tiene ese carisma especial de político, le falta quizás empatía con el pueblo, pero, no es menos cierto, que sabe perfectamente cómo actuar en esta situación. Rajoy, como buen estadista, sabe perfectamente que la clave en todo este asunto es la economía. Sabe que asfixiando económicamente al Gobierno catalana se desinflará el sueño independentista de Puigdemont. Y para ello, en una maniobra inteligentísima, ha aprobado un Real Decreto Ley de medidas urgente par que las empresas puedan cambiar su sede social en 48 horas. Con este sorprendente movimiento ha permitido que las empresas catalanas se muden de Cataluña cerrando el grifo económico a la Generalidad y, por lo tanto, llevando a un caos económico a la sociedad catalana.

Sin servir de freno, ha dejado que Puigdemont y sus adláteres se hayan precipitado ellos solos al abismo de la responsabilidad penal. Desde el principio, el Gobierno español ha advertido a esos de cuáles serían las consecuencias penales de la declaración de independencia de Cataluña. Y ahora el Gobierno de Cataluña la única salida que tiene es anular todo lo que han realizado hasta el momento, lo que les llevaría a convocar unas nuevas elecciones o proclamar la república independiente, lo que le llevará a enfrentarse a un delito de sedición. Un perfecto ‘jaque mate’.

Por cierto, retomando la duda que se daba al principio de esta columna, para mí el Presidente es un genio.