Montiel de Arnáiz

Inmóvil

Ni siquiera el alegato del rey Felipe VI ha conseguido que actúe a la luz: Rajoy es más proclive al sigilo en las sombras

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CádizActualizado:

Es probable que a Mariano Rajoy le contarán, cuando niño, que las sábanas de su cama eran intraspasables para los monstruos del armario y por eso, hecho hombre ya, sigue ejerciendo con gana su versión oscura del laissez faire, laissez passer. Anclado en su inmovilismo, ni siquiera el alegato del rey Felipe VI ha conseguido que actúe a la luz: Rajoy es más proclive al sigilo en las sombras. «Lo mejor para no desgastarme es que actúen los otros», pensará. «Los otros» —ese concepto filosófico e indeterminado coincidente con el título de una buena peli de Amenábar— son los jueces y fiscales, las empresas y los bancos, la policía y la guardia civil: todo lo que no sea el propio Rajoy.

Lo más sorprendente de esta historia es que el inactivo Presidente del Gobierno puede que incluso acierte con su jugada. El mayor Trapero (parece un insulto más que un cargo) ha ido a declarar como investigado por primera vez, importantes empresas han anunciado el cambio de su domicilio social para evitar un ‘corralito’, los bancos catalanes han dicho aquello de «la pela es la pela» y se han mudado a Baleares, Valencia o Madrid y, lo más curioso, el visionario Artur Mas, mendigo de fianzas penales, ha reconocido ahora que el pastel catalán ha salido crudo del horno.

Mientras tanto, Anna Gabriel y sus CUP, presionan a Puigdemont y Junqueras para que declaren unilateralmente su ingreso en prisión, digo la independencia de la república catalana. Los antisistema no van a permitir que el pucherendum caiga en la nada: dan igual el exceso de cabida en los censos, los votos cuadruplicados, la presión vecinal y el señalamiento del disidente y cuantas bárbaras irregularidades hayan apreciado los que han asistido a tamaño acto de libertad del «pueblo catalán» (es decir, del millón de independentistas que se irroga la representación de los otros seis millones y medio). Gabriel no es un cómico tuitero como Rufián; es la única que quiere la ruptura a cualquier coste y usará cualquier medio para conseguirla.

Rajoy, entre tanto, desoye a Albert Rivera, que le pide que utilice el art. 155 de la Constitución, o a Sánchez, que exige diálogo, o a Iglesias, que pide respeto a la ruptura. Mariano ignora hasta al propio Rajoy. O quizás no, tiene que acabar de decidirlo.

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