OPINIÓN

Incongruencia turística

Con la provincia en cifras récord, en pleno escaparate, la ciudad se dedica a dejar en la calle a las que informan a los visitantes

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Deben quedar pocas personas en cualquier calle o edificio de esta provincia que lo duden. El turismo es una de las tres principales locomotoras de la economía gaditana en lo que va de siglo. El sector servicios es el único que logra con holgura generar empleo en momentos concretos cada año. Con todo –aunque sea una evidencia que la temporalidad es su mayor defecto, la asignatura pendiente– resulta absurdo negar su peso económico real un año tras otro.

La provincia celebraba a finales del pasado año unas cifras de visitantes de récord. Todos los parámetros, de alojamientos a visitantes españoles o extranjeros, viajeros en avión, o tren, gasto por turista... Cualquier medidor dice que el sector vive su mejor época, con lo que tiene de aportación de riqueza a la economía general, a la real, la social. Estamos ante una realidad incuestionable, los datos de ocupación son magníficos, las escalas de cruceros nunca fueron tantas. Portales y medios especializados sitúan Cádiz entre los destinos más atractivos de Europa y entre las zonas con la gastronomía más atractiva de España (que tiene una de las más aplaudidas del mundo). A pesar de todo esto, queda mucho que mejorar. Los empresarios reconocen que Cádiz como destino turístico debe ser más amplio y extenderse también a los meses de invierno y primavera, ya que es la única forma de combatir la temporalidad. La provincia ha conquistado con muy buena nota el destino de sol y playa, entre junio y septiembre, pero apenas en 2017 comenzó a subir de veras en esos otros trimestres con ofertas que generen actividad en temporadas medias o bajas. De acuerdo, pero sólo Málaga, como provincia, recibe más turistas al año que Cádiz.

Por todos estos argumentos (y los que faltan) resulta incomprensible que una administración como el Ayuntamiento de Cádiz se dedique a poner zancadillas a una industria esencial en una ciudad tan necesitada. Con salidas de personal de las oficinas de turismo, información deficiente a los que llegan por mar, descoordinación ante eventos como Fitur... La gestión municipal gaditana respecto al turismo es una mezcla de torpeza y desidia que cuesta explicar y entender cuando hablamos de las cosas de comer. Con esos números, con todo lo recorrido, en mitad del escaparate, lo que toca ahora es hacer una apuesta real y en común para mantener la unidad en la gestión y consolidar con actos la idea de que Cádiz está abierta al turismo. De verdad.