OPINIÓN

Nos hemos vuelto idiotas

La libertad de expresión sólo debe estar limitada por la educación y el respeto; si hablamos de Carnaval podemos concedernos alguna licencia más

Ignacio Moreno
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Primera variable: los abogados de Andrea Janeiro amenazan con denunciar a una chirigota por calumnias, con lo que ha sufrido en silencio durante años Paquirrín. Segunda variable: SOS Racismo afirma que la chirigota de Vera Luque, ‘No tenemos el Congo pa’ farolillos’, es racista. ¿Dónde estaba SOS Racismo en 1987 cuando salió la mítica ‘Un montón de guanaminos’? Tercera variable: el pueblo catalán, así en general o al menos el independentista, se indigna y escupe toda clase de insultos e improperios por las críticas al ‘procés’ sobre las tablas del Falla. Cuarta variable: alguien decide que la figura de las ninfas del Carnaval de Cádiz simbolizan el machismo más rancio y así, sin anestesia, nos las cargamos de un plumazo. Quinta variable, ya fuera del mundo del carnaval y para reforzar la anterior: alguien también ha decidido que las azafatas de acontecimientos deportivos suponen una insufrible opresión para la mujer moderna. En lugar de crear la figura del azafato, tal y como ocurre en el mundo de la moda con las y los modelos, para que de verdad haya igualdad, también las mandamos a por tabaco. Sexta variable: Podemos se niega a que la Fundación de la Mujer del Ayuntamiento de Cádiz esté dirigida por un hombre. Con el único argumento de que tiene pene, independientemente de su valía y capacitación profesional.

Hipótesis planteable en base a todas estas variables: ¿nos estaremos volviendo idiotas? Que cada cual saque sus propias conclusiones y decida si esta hipótesis es en realidad un hecho cierto y probado. Vivimos tiempos en los que no se puede decir absolutamente nada sin que un ejército de borregos se te eche encima para dilapidarte en la plaza pública de las redes sociales. No se le ocurra a usted decir una simpleza tan grande como que el exceso de tatuajes sobre los cuerpos humanos de los vecinos y las vecinas no le parece estético. La turbamulta tratará de hacerle añicos. Pues mire usted, servidor empieza a cansarse. Más que nada porque como sociedad no tenemos nada más valioso que la libertad de pensamiento y de expresión, cuyos únicos límites deben estar marcados por la educación y el respeto a los demás. Y si hablamos de Carnaval, se puede conceder hasta alguna licencia más. El problema no está en que una chica o un chico decidan libremente dedicarse a ser modelos o azafatas. El problema lo tienen los que los miran con las gafas de los prejuicios, de los complejos, del odio a lo que ellos no comparten. Sin duda son gente que siempre ha estado ahí, pero de forma residual, sin que les prestáramos más atención de la que merecen.Pero últimamente se hacen notar en demasía. Quizá porque muchos de ellos están llegando a las instituciones y tienen más altavoz para emponzoñarlo todo.

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