La presidenta de la Junta de Andalucía y el alcalde de Cádiz, el pasado miércoles en Sevilla
La presidenta de la Junta de Andalucía y el alcalde de Cádiz, el pasado miércoles en Sevilla
OPINIÓN

La extraña pareja

Empieza a ser costumbre que Susana Díaz y Kichi se reúnan por febrero para hablar de sus cosas

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No existe ley, ni escrita ni no escrita, que determine cuántos años deben pasar para que un uso se haga costumbre y de ahí pase a tradición. Pero ya empieza a ser costumbre que Susana Díaz y José María González queden por febrero para hablar de sus cosas. Dos años seguidos llevan haciéndolo. El pasado 2017 en San Juan de Dios y este en SanTelmo. Siempre en pleno concurso de Carnaval, imagino que para aprovechar y que Kichi la ponga al día de cuáles son los pelotazos del concurso del Falla. De ninguno de ambos encuentros ha salido nada concreto para Cádiz, ningún plan o estrategia común más allá de promesas y buenas palabras sobre los eternos proyectos como el de la Ciudad de la Justicia o el Museo del Carnaval. Pero es posible que sí se concrete algún acuerdo más pronto que tarde. Cuando llegue ese momento habrá que analizar si es bueno para la ciudad o mejor sería quedarnos como estamos. Porque si sus reuniones acaban con el Ayuntamiento ‘regalando’ partrimonio a otras administraciones para que lo gestionen ellas, menudo negocio.

Lo que sí se pone claramente de manifiesto son dos cosas. La primera es que la predisposición de la Junta de Andalucía hacia la capital gaditana ha cambiado radicalmente. Durante dos décadas, el gobierno andaluz no le ha dado ni agua a Cádiz. Veinte años en los que gobernó Teófila Martínez, a la que no se le concedió la más mínima posibilidad de elaborar proyectos en común ante el temor de que todas las medallas políticas quedaran en su haber. Ahora, a Susana Díaz parece que ese tema ya no le preocupa.Si Kichi se apunta cualquier tanto, bienvenido sea con tal de desgastar al PP. Lo cual, imagino, no le hará gracia al hombre del PSOE en Cádiz, Fran González, que queda reducido prácticamente a la nada por su propio partido. Los socialistas saben que en Cádiz lo tienen imposible para gobernar, y prefieren estrechar lazos con Podemos para repetir coalición en las próximas municipales, algo que con casi total seguridad harán.Aún a costa, ya digo, de sacrificar a los suyos.

Y la segunda evidencia de estos encuentros, mucho más divertida, es la metamorfosis de nuestro alcalde. Ya apenas queda nada de aquel activista de camiseta sin mangas y litrona en la mano, que llamaba ‘casta’ al PSOE. Ahora se enfunda su traje de Eutimio, su corbata, y se planta dónde haga falta «para mirar a los ojos» a quien sea necesario. Por Cai. No entiendan esto como una crítica. En serio que no. Es lo mínimo que se le puede exigir a nuestro principal representante. Aunque imagino que sí le supondrá un problema a muchos de los que lo vieron como un salvador desarrapado, de pueblo, de la gente. Que ahora ha pasado por el aro, como tiene que ser.