Fernando Sicre Gilabert - OPINIÓN

Dios está con nosotros Fernando Sicre Gilabert

Con Emmanuel, con Manuel y con todos nosotros. En estos momentos convulsos Macrón y Dios conforman la Santísima Trinidad mariana.

FERNANDO SICRE GILABERT - Actualizado: Guardado en: Opinión

Con Emmanuel, con Manuel y con todos nosotros. En estos momentos convulsos Macrón y Dios conforman la Santísima Trinidad mariana. Mariano, de la gaviota a la paloma. Emmanuel Macrón, alumno aventajado de su maestra, aprendió de ésta no andarse por rodeos, no utilizar la paráfrasis y sobre todo utilizar la línea recta como el camino más corto. «Sólo conozco un socio y un amigo, que es España, España toda entera». «Mi único socio es España».

Siete años bastaron para parir un engendro: un Estado que no existe, una Nación discutible, un país arruinado y un gobierno impedido de gobernar en aras al interés general. Fueron los siete años de la España gobernada por la pandilla del Vogue. El gobierno más nefasto de los quinientos años de existencia de España. Ahí comenzó el calvario. Ortega en 1921 escribió «España invertebrada», explicaba la decadencia de España como resultado del hecho de que, a diferencia de otros grandes países europeos, nuestro país nunca tuvo una minoría dirigente ilustrada, capaz de tomar decisiones firmes y eficaces para nuestro progreso. En su pensamiento no sólo estaba ZP, también Sánchez después de pasar por la sauna, por ausencia de intelecto con los sesos derretidos.

La organización territorial del Estado español representa una estructura extraordinariamente fragmentada, cuya característica más saliente es que cada parte, es decir cada Comunidad Autónoma tiene la misma estructura que el todo, esto es, el Estado. Además, los ámbitos competenciales y de responsabilidades se presentan poco definidos y desdibujados, por la imprecisa redacción de los artículos 148 y 149 de la Constitución. Ello supone multitud de problemas jurídicos, exacerbados por la desaparición del recurso previo de inconstitucionalidad. El país está así, invertebrado, desintegrado en rencillas territoriales, que casi si me apuran, las calificaría de auténticamente tribales. A la espera de un gobierno central fuerte e inteligente que consiga integrarlo de verdad en Europa. Es mucho pedir, pero de ilusiones también se vive.

Allá en el siglo XIX las señas identitarias y un halo de romanticismo encendían la mecha de ciertos nacionalismos. Hoy, el deseo de justificarse para perpetuarse en el poder es el fundamento primero y único de la persistencia del nacionalismo, que al ser insaciable en sus planteamientos, justifican su existencia por los siglos de los siglos, en tanto exista el Estado al que cercenan competencias con prisas y sin pausa, hasta su práctica disolución por defunción.

La plurinacionalidad del Estado es el gran fracaso del que quiere llegar al poder al precio que sea. Recuerden lo ocurrido con el Imperio Austro-húngaro o Yugoslavia. Sin embargo, Sánchez vuelve a la carga con el concepto de la realidad plurinacional. Lo dice quien no supo definir el concepto de nación. Quien desconoce las consecuencias jurídicas del concepto. Significa en la instancia arrebatar al ciudadano español su condición de sujeto de soberanía. Todo este entuerto conceptual parte del intento socialista de equiparar su organización territorial como partido de corte federal, con la organización del Estado. Curiosamente el PSC integra el comité federal y participa en las elecciones de los órganos del PSOE, mientras que el PSOE no participa en el comité federal del PSC, ni tampoco en sus elecciones. Todo un ejemplo de ecuanimidad y coherencia.

La plurinacionalidad de España supondría aceptar la condición de Cataluña como nación, lo que la convertirá no en una norma fundamentadora de su autonomía política en los términos previstos en la Constitución, sino en el embrión de una Constitución para Cataluña. De ahí la persistencia de los nacionalistas catalanes a incluir de manera inequívoca el término nación.

Pero, Dios está con nosotros. Junquera, el Alain Delon del nordeste español, sureste francés, está con lo de sus genes franceses. Será que comparte genes con los del mono del zoológico de Nimes. Hoy pido ferviente que se vayan a hacer puñetas. La frontera de la junquera, «propiedad» de la familia de la mamá del «genético» francés por excelencia desde época del Segador, cerrará vaya a haber algún tipo de contagio para los corsos. No van a tener otro lugar para sacar sus productos que no sea desde los muelles de Barcelona. Cuidado estibadores catalanes. Junquera os va arreglar vuestro futuro para siempre. Quizás os dirá: os estáis con la causa o a la puta casa. Se acabó la huelga y los estibadores barceloneses vivieron felices para siempre…

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