De cobardes y mentirosos

Cuenta Aramburu en 'Patria' cómo Joxe Mari, el etarra, se lamenta de luchar por la libertad de Euskal Herria mientras otros vascos se dedican a vivir

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Cuenta Fernando Aramburu en su magnífico libro ‘Patria’ cómo Joxe Mari, el etarra, se lamenta en un momento dado de estar luchando por la libertad de Euskal Herria mientras otros vascos, ajenos a la política, se dedican simplemente a vivir. Él, sacrificado, jugándose la vida, pasando varios años en la clandestinidad y haciéndose viejo en la cárcel de El Puerto mientras otros jóvenes de su generación se dedican a ir de pintxos, a salir a bailar, a montar en bici y a ver los partidos de la Real Sociedad. Sin agradecérselo. Ni a él ni al resto de ‘valientes’ gudaris. Impresiona cómo relata Aramburu el conflicto vasco. Cómo, a través de las páginas de su obra, te mete de lleno en un asunto que visto por los de mi generación y a cientos de kilómetros, se resumía de forma muy fácil: los etarras eran los malos y el resto de españoles los buenos. Sin más análisis, sin más profundidades. Y así era. Sin matices. No fue ninguna guerra con dos bandos luchando de igual a igual. Fueron asesinatos cobardes cometidos por extremistas radicales. Da igual de qué ideología. No importa en defensa de qué ideas. Asesinos, simplemente. ‘Patria’, eso sí, es una magnífica herramienta para entender la retorcida mente de los terroristas. Describe multitud de situaciones, aporta infinidad de matices que no le desvelaré aquí por si tiene intención de leerlo –algo que le recomiendo fehacientemente– que explican como estos animales absolutamente ideologizados se justificaban entre ellos y, sobre todo, ante ellos mismos por las tremendas brutalidades que eran capaces de cometer. Para ellos, todo era válido si contribuía a la lucha abertzale.

Sólo siendo conscientes de la existencia de ese malévolo punto de vista se puede analizar el comunicado que ha hecho público la banda terrorista esta semana en la que anuncian su disolución y piden perdón. Sencillamente es mentira. Más. Es un insulto a las víctimas. Una cobarde estrategia para tratar de sacar algún tipo de rédito para los encarcelados o vaya usted a saber para qué ETA es historia porque España entera se empeñó en que así fuera. Es de las pocas cosas en las que de verdad todos estuvimos unidos.

Horroriza pensar qué hubiese pasado si en aquellos durísimos años hubiesen existido partidos radicales como los que actualmente existen a nivel nacional. Si hubiese habido políticos con tan poca talla como algunos de los actuales, que pretenden poner a Arnaldo Otegi como ejemplo de pacifista o que lo justifican «porque no se le han demostrado delitos de sangre». Y todo ello, imagínese, aderezado con las redes sociales, que cada día se parecen más a un vertedero que a una herramienta para comunicarnos. Aterroriza pensar dónde estaríamos ahora mismo.