OPINIÓN

La ciudad y el mar

El anuncio de los grandes aparcamientos y el gimnasio rompe la barrera psicológica que marca la verja del puerto

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Para cientos de vecinos de Cádiz, el puerto por primera vez parecerá un territorio amable y común, en el que pueden disponer de servicios que utilizar de forma frecuente y natural. Desde los viejos tiempos de esplendor de la Estación Marítima o del finado Vaporcito del Puerto, no se vivía esa experiencia con las excepciones de las ediciones de Gran Regata o los recientes conciertos.

Más allá, el puerto siempre ha sido un lugar ajeno por más que cercano, colindante. La discutida valla, la verja, siempre ha cumplido con su misión fronteriza. Pero el anuncio de la creación de grandes aparcamientos y la construcción de un gimnasio que abrirá antes de verano parecen suponer el anuncio de su final. Por lo menos, de su final simbólico.

Pese a los momentos en que esa frontera se hace permeable y los gaditanos pueden disfrutar de este espacio, la valla seguía impidiendo que se pueda sentir el puerto como algo propio y que se aprovechen las múltiples posibilidades que ofrece. Incluso hay una segunda linde, menos conocida y que limita la actividad del tráfico de cruceros de la ciudad, una de las grandes fortalezas económicas de Cádiz. Esta valla se sitúa a 25 metros del cantil del muelle, un espacio insuficiente para que la ciudad pueda ser puerto base de cruceros. La empresa que gestiona las terminales ya ha pedido que esta división se desplace 35 metros para facilitar el embarque y poder agilizar el embarque y desembarque de viajeros. Podría ser el siguiente empeño.

La ciudad debe afrontar, más pronto que tarde, un sereno pero ágil debate sobre qué hacer con los nuevos espacios portuarios ahora que ya parece roto el primer límite psicológico. Ahora habrá motivos para entrar y salir para muchos más ciudadanos con más normalidad. Así que parece el momento de discutir y, definitivamente, decidir cómo integrar en la ciudad ese privilegiado terreno y cómo permitir que la economía comarcal se desarrolle a través de ellos.

A nadie escapa que la gran verja se diseñó en un momento que nada tenía que ver con la situación y las demandas actuales, las de una ciudad que quiere crecer y que necesita, casi desesperadamente, alicientes económicos. Todos nos jugamos mucho en este aprovechamiento del mar y sus recursos. Entre todos se puede, se debe, conseguir esta mejora de la relación entre Cádiz y su puerto. Porque Cádiz es su mar.