Ignacio Moreno Bustamante

Bloqueo mental Ignacio Moreno Bustamante

Un amigo me dijo hace poco que lo mejor que le puede pasar a un país en democracia es que el voto esté cuanto más fragmentado, mejor

Ignacio M. Bustamante - Actualizado: Guardado en:

Un amigo, al que aprecio de verdad pero que como visionario no vale un duro, me dijo hace poco que lo mejor que le puede pasar a un país en democracia es que el voto esté cuanto más fragmentado, mejor. Que en España nunca había pasado y que así nos iba a ir de dulce a todos. La suya es, o al menos era, una teoría ‘cuñadil’ extendida que él defendía con entusiasmo, basándose en que así los políticos están obligados a entenderse, a pactar. Y de este modo, los que salimos ganando somos los ciudadanos al beneficiarnos de su decisiones ecuánimes, consensuadas. Hoy, casi un año y dos elecciones generales más tarde de su aseveración, se ve que se lució. Quizá en Europa funcione. En España es evidente que no. Miedo me da preguntarle si el Cádiz se va a mantener en Segunda A este año, porque como me diga que sí ya me ha amargado la temporada de aquí a junio.

Por desgracia para todos nosotros, en España la política se ha radicalizado. Históricamente, la derecha y la izquierda han tenido muy claras sus posiciones diferenciadas, pero cuando han tenido que alcanzar acuerdos importantes, lo han hecho. Se hizo en materia de terrorismo. En el pacto de Toledo con las pensiones. O en la defensa de la unidad territorial de España. En otros asuntos también importantes no se consiguió, como en Educación. Pero lo cierto es que hace no mucho existían algunos puntos de encuentro. Hoy, cualquier tipo de acuerdo entre PP y PSOE se antoja del todo imposible. Quizá tenga que ver con sus actuales líderes y sus incompatibilidades personales. Quizá con sus propias guerras internas, en las que cualquier acercamiento con el ‘enemigo’ se percibe como una debilidad. Y muy probablemente tenga que ver precisamente con la aparición de nuevos partidos, que amenazan con robarles sus respectivas cuotas a derecha o izquierda. Los que estaban, en lugar de abrir sus mentes, han cerrado sus filas. Sea como fuere, lo cierto es que vivimos días en los que cabe preguntarse si no es mejor dejarnos de gaitas y reconocer que el bipartidismo funciona. Sobre todo porque los emergentes no han aportado nada nuevo. Podemos, por ejemplo, sólo ha traído crispación, malos modos, discursos grandilocuentes y propuestas extravagantes, cuando no directamente absurdas. En Cádiz sabemos ya un rato largo de eso.

¿No es mejor que dos partidos se alternen en el poder? Cuatro, ocho años gobernando y otros tantos en la oposición. Y establecer todos los controles habidos y por haber. En cuanto la ‘caguen’, a la nevera. Como debería ir el árbitro del Mirandés-Cádiz. Y al que meta la mano en la caja, a la cárcel de por vida.

Si no hay milagro de por medio, en breve volveremos a las urnas. Sigamos votando fragmentado. Sigamos confiando en la capacidad de diálogo de nuestros líderes. Sigamos bloqueados.

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