EL APUNTE

La batalla sin final

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Por cuestiones geográficas, estratégicas e, incluso, sociales resulta inevitable. Los gaditanos vivimos en una tierra fronteriza, con la riqueza y la condena que eso supone. Cádiz es la puerta más grande de entrada de hachís, entre otras mercancías ilegales, para toda Europa, estar a 14 kilómetros del segundo productor de esta droga del mundo y vivir en el paso entre dos continentes y dos mares conlleva esas circunstancias de forma ineludible. Por esta razón, las fuerzas de seguridad del Estado trabajan exhaustivamente en la zona para evitar que los narcotraficantes campen a sus anchas por la provincia y, gracias a esto, las operaciones policiales se desarrollan diariamente dando como resultado la incautación y encarcelamiento de algunos de estos delincuentes. El problema surge cuando las bandas y organizaciones que se dedican a este multimillonario negocio siempre van por delante. En todas las épocas, en todos los lugares, la delincuencia va por delante de la Justicia. Es necesario que las actividades de la primera se produzcan y queden demostradas para que la segunda pueda actuar. La prevención y la anticipación corresponden a otros ámbitos (sociedad, educación...). Los datos señalan que cada vez son más y más crueles, que tienen menos reparos y escrúpulos. Las salas saturadas de los municipios se ven muchas veces incapacitadas para asumir los largos y complejos procesos que suponen este tipo de casos, sobre todo, por el alto número de personas que suelen estar imputadas. Como consecuencia, al final, los que terminan yendo a prisión son los eslabones más pequeños de la cadena, los que son más fácilmente sustituibles, por lo que los jefes de las redes siguen impunes. La batalla es infinita y algunos héroes siguen empeñados en afrontarla. Reconocimiento.