OPINIÓN

La Bahía vuelve a rodar

La llegada de Torrot puede suponer el regreso del sector de la automoción que truncó la marcha de Delphi

Actualizado:

La tradición de la Bahía de Cádiz con el sector de la automoción es antigua. Desde aquella histórica factoría de Ford de principios del siglo XX, este territorio ha sido habitual sede para distintas firmas que se beneficiaban de su estratégica ubicación entre dos continentes, como conexión y tradicional puente con América, como puerta entre Atlántico y Mediterráneo. Esa trayectoria se rompió de forma brusca y traumática durante la pasada década con la marcha de Delphi (que construía componentes electrónicos para diversas marcas de automóviles).

De aquella herida quedó la sensación de una decadencia industrial irreversible y profunda que conectaba con el declive del sector naval. Parecía el final de toda una época. Sin embargo, al renacer progresivo de los astilleros y la pujanza del sector aeronáutico podría, debería, seguir el de la automoción. El acuerdo firmado ayer por el Consorcio Zona Franca de Cádiz y la empresa Torrot para que se implante en la antigua fábrica de Altadis esa empresa de bicicletas y ciclomotores puede ser un inicio. Todos los caminos comienzan con un paso y la anunciada fabricación en Cádiz de su nuevo modelo de motocicleta eléctrica, Velocípedo, puede ser el anuncio de la recuperación de un sector que puede crear empleo de calidad, puestos de trabajo industriales, regulados y mejor pagados que los del sector servicios.

El delegado del Estado para el Consorcio lo resaltaba durante el acto ritual de firma del acuerdo. Pozuelo destacaba lo esencial del pacto: que se trata de una inversión que traerá «riqueza, empleo y esperanza» a la Bahía de Cádiz. El proyecto tiene unos plazos más cortos de los que suelen manejarse en el sector, puesto que la planificación de Torrot contempla que la formación de los trabajadores se desarrolle en los próximos cuatro meses y, en verano, la factoría esté en funcionamiento para que en otoño estén en marcha las primeras motos fabricadas en la Zona Franca de Cádiz, en su límite con el puente José León de Carranza. Hasta final de año deberían ser mil las unidades que salieran de las cadenas de montaje gaditanas, mientras que la producción subiría a las 6.000 en el segundo año de vida de la factoría. La previsión es que se puedan vender en 52 países con Estados Unidos como uno de los principales destinos. Todas esas previsiones juntas suenan al resurgir, aún modesto y por confirmar, de la automoción en la Bahía de Cádiz. Ojalá.