José Molejón Rañón - José Molejón Rañón

Anclada siempre a Dios

Sacerdote, Ex-Beneficiado-Tenor de la Catedral de Cádiz (1968-1970)

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Cuando el reloj de las Casas Consistoriales de la hercúlea ciudad de Cádiz dejaba sonar las 23,30 horas de la noche otoñal del 24 de noviembre de 1917, en el número 5 de la calle San Sebastián (hoy Costa Rica), donde radica actualmente la Casa Generalicia del Instituto Religioso del «Rebaño de María», elevaba, en raudo vuelo, su espíritu a la Eterna Felicidad, la Madre María de la Encarnación Carrasco Tenorio, fundadora de dicho instituto con la ayuda incomparable del M.I. Sr. Dr. Don Francisco Medina y Muñoz, Canónigo de la S. I. y A. Catedral gaditana y eminente orador sagrado.

Los padres de Mª de la Encarnación eran naturales de La Puebla de Guzmán (Huelva). Ambos se habían trasladado a Cádiz, aquí se conocieron y aquí, en la Parroquia del Rosario, contrajeron cristiano matrimonio en 1839.

A la vera del Santuario de Nuestra Señora de la Peña, en El Andévalo (Huelva), nace la niña María de la Encarnación el 24 de marzo de 1840. Sus primeros años transcurrirían como una niña normal; pero, a medida que avanzaba en edad, se notaba en ella un «algo», una inclinación notoria hacia los pobres. Cuando entraba en los trece años fallece su padre. El sendero de la Cruz había «madrugado», tal vez más pronto de lo que ella pensaba. Pero el Señor iría trazando el camino que un día desembocaría en la Fundación de las Hermanas Terciarias Franciscanas del Rebaño de María para atender a los más necesitados.

Con sus 16 años ingresa en la Congregación de la Compañía de María, en San Fernando (Cádiz). Pero la Providencia Divina tenía ya sus proyectos sobre ella. «Mis caminos no son vuestros caminos» (Dan 4,9) Dispensada de los votos religiosos, deja la Compañía. Se entrevista con el Obispo de la diócesis gaditana, a la sazón, Fr. Félix Mª Arriete. Es tiempo de reflexión concienzuda y de oración. Su gran ilusión era fundar un asilo para niñas huérfanas. Por algo se la llegó a denominar «la loca de la caridad».

Varias veces se entrevista con el citado Obispo, y este, llegado el momento oportuno, le dice: «Hija mía: he deliberado sobre tus proyectos de fundar y creo que esa es la voluntad de Dios (...) No se me ocultan las penalidades y sacrificios que encontraréis en el comienzo de esta nueva vida, pero Dios, que es Padre de Misericordia, derramará a manos llenas su protección divina en la gran empresa de educar a la niñez».

PRESENCIA DE LOS PROTESTANTES

La sociedad, en pleno desarrollo económico, dio el triunfo a la burguesía, convirtiéndola en la clase dominante. Es entonces cuando los protestantes aprovechan para abrir sus escuelas en los barrios más pobres de Cádiz. Ante esta situación ¿Qué hace la Iglesia gaditana? De acuerdo Obispo y Presbiterio Diocesano abren escuelas católicas para contrarrestar la labor de aquellos, autorizando a Encarnación a dirigir alguna.

UN HOMBRE-SACERDOTE PROVIDENCIAL

Predicador incansable, apóstol cualificado en la Iglesia de Cádiz, preocupado por el estrago protestante intenta poner freno a las doctrinas de Lutero. Y he aquí que se encuentran Encarnación y el sacerdote, D. Francisco Medina y Muñoz (’Padre Medina’, conocido familiarmente), los dos con el mismo ideal. El 10 de agosto de 1876 se abren las primeras escuelas con el nombre de «Rebaño de María de la Divina Pastora» por iniciativa del Prelado diocesano.

Las candidatas que estaban dispuestas a ser las «columnas» del nuevo Instituto Religioso se reúnen el 7 de junio de 1878 y, en octubre siguiente, en la iglesia de los Capuchinos de Cádiz, toman el hábito religioso cuatro en total, contando con Encarnación, la colaboradora más cercana al Padre Medina.

El Padre Medina y Encarnación serán los que conduzcan el «Rebaño de María» desde el principio, hasta el final de sus días. Las dificultades aprietan, pero el P. Medina y su fiel colaboradora se enfrentan a todo «a prueba de cañón».

EL «REBAÑO DE MARÍA»

La navecilla del nuevo Instituto continúa surcando los mares de su anhelada fundación. ¿Las dificultades?, ¿Las contrariedades?, ¿La cruz?: nada tenían de halagüeños, pero formaban parte indispensable e indiscutible de toda obra que fuese fruto de inspiración divina. Encarnación tiene una clarividencia firme de lo que se le ha pedido que no duda ni vacila un instante, aunque las olas de las dificultades se estrellen contra su proyecto: «Este es mi Rebaño, el que te encargo cuides y cobijes bajo tu tutela y lo encamines bien» envuelto como en un halo de inspiración divino-carismático.

NUEVAS PRUEBAS, NUEVA CASA, NUEVO RUMBO.

Los recursos de la proyectada fundación no tienen nada de halagüeños; en realidad, de verdad, nunca lo tuvieron. Desde 1879 hasta 1886, Encarnación tubo que «saborear» en sí misma la amargura de la soledad. Nos encontramos en 1882 y es nuevo Obispo de Cádiz el D. Jaime Catalá y Alboza, quien, desde el primer momento se muestra propicio a ayudar . No dudaba que allí actuaba una «fuerza superior a todo intento puramente humano».

Por los días de 1885 se presentaba en la ciudad el cólera; todos los que pudieron abandonaron la urbe, pero Encarnación permanece en ella con un grupo de niñas huérfanas. Se siente agotada... pero continúa luchando. Las plegarias de las niñas suben al Padre y son escuchadas positivamente.

LA GENEROSIDAD HECHA CARIDAD REAL

En estos momentos se hace presente en el escenario una mujer, que ya había ayudado varias veces a Encarnación económicamente. Doña María de los Dolores Aguirre Larrahondo, altamente admiradora de la «obra» de Encarnación y del P. Medina. Bien es cierto que Dios siempre llega puntual... Esta insigne bienhechora del «Rebaño», forjada en una recia espiritualidad, ocupará siempre un lugar destacado en el naciente Instituto.

Al fallecer Doña Mª de los Dolores (+26-01-1887), se sabe que dejó al «Rebaño de María» la llamada «Casa de las Cadenas», en el centro de Cádiz, pero, por motivos que no es momento explicar, no llegaron a ocupar dicha casa, pasando a otra en la calle San Sebastián, 5, hoy Costa Rica, 5, actual sede de la Curia General del Instituto. Terminadas unas primeras obras de adaptación para el internado, el 10 de agosto de 1882 se bendice e inaugura la nueva casa Residencia-Asilo. Por ello se celebra la Eucaristía presidida por el P. Medina.

En 1887, a 10 de agosto, a pesar de la lentitud de las obras, la nueva casa estaba preparada para su habitabilidad, y en febrero de 1888, en dicha casa ya se encontraban religiosas y niñas acogidas. En la Iglesia Parroquial del Rosario (en cuyo ámbito se encuentra la nueva casa) se celebra una Eucaristía presidida por el P. Medina, qué, en los momentos de su elocuente homilía, recuerda de un modo especial a la insigne bienhechora Doña Mª Dolores Aguirre.

Con fecha 3 de febrero de 1891 son aprobadas las primeras Constituciones del Rebaño de María, de Derecho Diocesano (hoy Pontificio). El 12 de abril, finalizadas las obras, el Obispo bendice las nuevas instalaciones. El 12 de agosto del mismo año, Mª Encarnación pronuncia la fórmula de sus votos temporales: castidad, pobreza y obediencia. No podemos ocultar que, a través de todos estos años, fueron ingresando varias jóvenes con deseo de una mayor perfección cristiana.

El 27 de junio de 1898 fallece repentinamente el Obispo gaditano D. José María Rancés y Villanueva, natural de Cádiz quien conocía de cerca las «andanzas» del rebaño de María. Avanzan los días de 1904. Al P. Medina (cofundador) debido a su enorme trabajo pastoral, se le notaba bastante agotado. En la noche del 24 al 25 de diciembre de 1908 se rendía al «Querer Divino» cuando las campanas del Orbe Católico repicaban a Gloria por el Nacimiento del Hijo de Dios.

NUEVO DIRECTOR (PROVISIONAL) DEL REBAÑO DE MARÍA

El Ilmo. Sr. Vicario General de la diócesis gaditana manifiesta a la sustituta de la Fundadora, (Mª Purificación Varo Ramos) que, mientras no se nombraba sustituto del P. Medina, recaía el nombramiento sobre D. José María Cortés de Quevedo, sacerdote ejemplar y miembro también de la Corporación Catedralicia.

Las hojas del calendario del año 1911 se iban desprendiendo, mientras que la ya probada salud de Mª Encarnación se resentía con toda claridad. A finales de 1913 una joven de Lugo, pero residente en Cádiz, solicita su ingreso en el Instituto. María Encarnación, durante los dos años y medio que permaneció postrada en cama, sufría, pero lo hacía con alegría evangélico-seráfica.

El 23 de Noviembre de 1917 recibe los Sacramentos confortadores con los que la iglesia acompaña a sus hijos antes de partir a la Eterna Morada.

Eran las veintitrés treinta horas del 24 de noviembre. Con una paz serena e inalterable, aquella «águila» que tantas veces había remontado alturas insospechadas en la Escuela del Corazón de Cristo, con entrañas de madre, querida y ayudada siempre por los gaditanos, recibe el abrazo del padre con el que vive en plenitud de felicidad por siempre y para siempre.

Cuando en este año de Gracia las Hijas de la ya hoy Venerable Madre Encarnación celebran su «dies natalis», con ellas cantamos aquel aleluia que resonará en las Mansiones Eternas jubilosamente, celebrando el premio que el padre tiene reservado para sus fieles servidores. «Servir a Dios es reinar».

Si, toda su existencia fue como una «sinfonía de amor» en clave de humildad, caridad y plena confianza en Dios.

¡Aleluia! ¡Felicidades hermanas del Rebaño de María! ¡Aleluia!