Absurda reducción al infinito

Si todas las partes del todo tienen derecho a segregarse, la tendencia al infinito del proceso, llevarían a la autodeterminación del hombre

Fernando Sicre
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Si todas las partes del todo tienen derecho a segregarse, la tendencia al infinito del proceso, llevarían a la autodeterminación del hombre. El hombre en plenitud, el hombre dueño de sí. Es el sueño libertario de Rothbard y su anarco liberalismo, donde ya no se contempla el Estado. El hombre paradigmático que se auto tutela y no comparte con nadie su existencia. La forma de relacionarse es el mercado. Ni el Estado, ni los grupos intermedios tienen cabida. Tabarnia no es un chiste. Es paradigma de lo que puede terminar siendo cualquier sociedad que ponga como ejemplo de su existencia la Primera República Española. Después del cantonalismo, la familia y al final el hombre.

El nacionalismo-populista catalán no es exclusivo. No es un invento de tan insignes lumbreras. Tenemos ejemplos por doquier. Un grupo de habitantes de las islas Shetland en Escocia se dirigieron a las autoridades escocesas, antes del referéndum, para exigirles que una vez consumada la independencia escocesa, se procediese a celebrar otra consulta, esta vez en territorio Shetland, para decidir segregarse de Escocia. La misma solicitud plantearon los habitantes de las islas Orcadas. ¿Qué había en Shetland y Orcadas? Petróleo. La riqueza escocesa estaba allí, no en Edimburgo. Lógicamente los centralistas ‘auto centralistas’ escoceses, se negaron a ello.

Podríamos también utilizar como argumento de la falacia nacional-independentista-populista catalana a Quebec. Una de las condiciones impuestas por Canadá para celebrar la consulta era que cualquier territorio podrá utilizar el mismo argumento que Quebec para separarse de ella en cualquier tiempo y lugar. Creo que el llamado ‘proceso’ catalán debiera ser llamado la gran falacia. El llamado derecho a decidir no es otra cosa que invocar el derecho a la autodeterminación mediante la secesión unilateral del Estado. Ello supone inaplicar el artículo 2 de la Constitución, que considera al pueblo español el legítimo detentador de la soberanía en todo el territorio español. Sólo los españoles podemos decidir colectivamente nuestro destino. Sin embargo, los muy audaces, listillos, caraduras, e impertinentes catalanes, no solo lo cuestionan, sino que en su proyecto constituyente invocan que solo el pueblo catalán, la cuota parte independentista, el resto que se joda, tiene el derecho a decidir su destino colectivamente, detentando pues el derecho a la secesión. Derecho a la secesión que no gozarían otros territorios y personas dentro de Cataluña. Así, ellos consideran el pueblo catalán detentor de la soberanía en ese territorio, prohibiendo expresamente (para que no haya dudas) el derecho a separarse de él. Precisamente, la posibilidad de modificación del mapa autonómico es posible y conforme a la Constitución. La construcción de nuevas comunidades autónomas es posible y su procedimiento está previsto. La secesión solo es posible modificando el artículo 2 de la Constitución. Ello nos lleva a la otra falacia independentista. La democracia no solo es votar. Es votar conforme a la Ley. Su incumplimiento es un acto antidemocrático, porque su fin es perversamente ilegal en cuanto inconstitucional. La penúltima falacia catalana independentista consiste en decir que en Cataluña hay presos políticos, encarcelados por ejercer su derecho a la libertad de expresión. Burda mentira. Los independentistas pueden expresarse como quieran. Pero poner en práctica su pensamiento independista, mediante actos que atentan la Constitución, es manifiestamente ilegal. Los actos que han acompañado al ‘proceso’ son una ristra de ilegalidades perseguibles penalmente, porque suponen la destrucción del Estado, mediante un golpe de Estado larvado desde hace 40 años y externalizado desde 2014. Esos actos, no la expresión de los mismos, han constituido un golpe de Estado. Cualquier atisbo de nuevos incumplimientos exigirá sin rubor la aplicación inmediata del artículo 155. Pero esta vez de verdad.

Fernando SicreFernando SicreArticulista de OpiniónFernando Sicre