OPINIÓN

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Nuestra clase política sigue sin enterarse de cuales son los verdaderos problemas de la ciudadanía

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Ese es exactamente el número de segundos que trascurren en el periodo comprendido entre la última campanada de fin de año y el último segundo del día de San Silvestre. Es el tiempo que tarda nuestro planeta en dar una vuelta integra alrededor del sol. Por tradición, es el lapso de tiempo elegido para hacer balance, para volver la vista atrás y poner en el haber los logros y en el debe los fracasos. Para hacer nuevos propósitos que luego, casi seguro, no se cumplirán.

En pocas horas terminará un año turbulento, en él que los más optimistas no dan la cosa por perdida, pero para el que va a hacer falta mucho esfuerzo y cantidades ingentes de imaginación y buenas maneras si no queremos empeorarlo aún más.

El mantra del crecimiento económico parece volver a dar un respiro a los datos de la macroeconomía, porque lo que respecta a la economía doméstica sigue dando bandazos hacia atrás. Los ricos son cada vez más ricos y los pobres sobreviven sin apenas esperanza. En Andalucía una cuarta parte de la población sigue por debajo del nivel de pobreza, y un tercio de la infancia andaluza tiene carencia de cosas básicas. Nuestra sanidad y educación públicas están sufriendo un continuo deterioro, dejando de ser las joyas de la corona de las que tanto hemos presumido.

Los populismos ganan adeptos. Ya no sólo se instalan para siempre en repúblicas bananeras si no que se ha convertido en la forma de gobernar de las grandes potencias mundiales. Se atreven incluso con romper países, dividir a familias y crear un clima de fractura social irrecuperable en años.

Los fenómenos meteorológicos catastróficos, huracanes, tifones, incendios, terremotos y ciclogénesis explosiva ponen de manifiesto que lo del cambio climático va en serio. Ha sido el otoño más caluroso en el último siglo, y la escasez de lluvia nos va a llevar a una situación grave de desabastecimiento para el consumo.

La crisis de los refugiados ha dejado de ser un asunto puntual para convertirse en un fenómeno migratorio global. Por millones se cuentan las personas que se han visto obligadas a abandonar su país por guerras, hambre, persecuciones realizadas en masa por líderes religiosos monoteístas. Mientras se baten records de llegada de inmigrantes a nuestras costas el Mediterráneo sigue siendo una gran fosa común de gente desesperada.

Por fin, el glamuroso mundo del cine y de las pasarelas ha sacado a la luz lo que era un secreto a voces. Ya la podredumbre machista no campará por sus fueros. Aparecen nuevos escenarios, aunque aún queda mucho camino por recorrer antes de conseguir la igualdad real entre mujeres y hombres. Mientras tanto, la violencia de género sigue sumando victimas en una lista negra sin sentido.

Nuestra clase política sigue sin enterarse de cuales son los verdaderos problemas de la ciudadanía, ellos con que los votemos cada cuatro años se conforman.

Para el 2018, sólo que se cumpla lo que mis nietos han puesto en la Felicitación Navideña. «Que todo el mundo viva bien».