Ramón Pérez Maura

Y a España, ¡que le den!

Los partidos con vocación de Gobierno tienen que tener una mentalidad de Estado en la victoria y en la derrota

Actualizado:

Es legítimo que Pedro Sánchez no quiera un Gobierno de Mariano Rajoy. Tanto en estas circunstancias como lo sería si el Partido Popular tuviera una mayoría absoluta. También podría no quererlo así. Lo que es absolutamente ilegítimo es que el Partido Socialista, que aspira a ser una formación de Gobierno, se deje llevar por una deriva inviable de su secretario general que, cada vez más, hace al PSOE inelegible para la mayoría de los españoles. Y eso, si los propios socialistas no ponen remedio, puede acabar con su partido, que tiene una alternativa a su izquierda soplándole en la nuca...

Es conmovedor que Sánchez se crea que unas elecciones le vendrían bien porque recuperaría votos en detrimento de Podemos. No sé quién le cocina con tanta delicadeza las encuestas que le dan ese resultado tres estrellas Michelin que él quiere degustar. Nada me alegraría más, porque demostraría que el sistema bipartidista puede tener vida. Algo que deseo con toda mi alma: esta genialidad de acabar con el sistema de dos partidos mayoritarios y la voluntad de Ciudadanos de reformar el sistema electoral para certificar la muerte del bipartidismo imperfecto puede tener la virtud de mantenernos eternamente en una España ingobernable. Ya llevamos dos legislaturas en las que con cuatro partidos por encima de los treinta escaños no hay manera humana de elegir un presidente del Gobierno y todavía hay algunos que creen que es bueno consolidar este sistema «más representativo». Y querrán hacernos creer que lo piden por el bien de España como si fuéramos idiotas. Todos sabemos que lo ansían en beneficio propio.

Esos barones socialistas que tanto critican a Sánchez en privado y nada hacen en los órganos del partido, podrían ahondar en sus reflexiones preguntándose por qué dos partidos que quieren romper España como son ERC y PDC (vulgo Convergencia), sólo ofrecen su voto para ser investido al PSOE de Sánchez. Me dirán que lo hacen a cambio de una condición que ese PSOE no acepta. Cierto. Pero a Homs y a Tarda no se les ocurrió el miércoles hacer el mismo ofrecimiento a Rajoy. Ni en broma. Ya se llevaron lo suyo sin necesidad de hacer chanzas de mal gusto que en el caso del PSOE esos independentistas ven como tentaciones ante las que este Ferraz podría sucumbir. Frente a esa evidencia, ¿no tiene nada que decir el Comité Federal del PSOE?

Gracias a que ayer no fue elegido presidente del Gobierno el ganador de las últimas elecciones, Pedro Sánchez puede seguir siendo secretario general del PSOE. Si esta interinidad hubiera quedado disipada, su partido hubiera tenido que convocar un congreso y su futuro estaría en la cuerda sólida con la que se ahorcan los suicidas. Y eso no le gusta. Afortunadamente.

El PSOE nos ha metido en un callejón sin salida, y no tiene derecho a hacerlo. Los partidos con vocación de Gobierno tienen que tener una mentalidad de Estado en la victoria y en la derrota. Pero eso es algo que probablemente es demasiado difícil de entender para Pedro Sánchez. Él cree que España puede seguir bloqueada. Él cree que si la reacción a la anterior disolución de las Cortes fue que los españoles se han equivocado, hay que volver a las urnas para que rectifiquen. Y así... trotando plácidamente hacia el despeñadero. Lo que no sería grave si quien cayese por él fuera Sánchez. Pero sería muy grave si se precipitara el PSOE. Porque puede arrastrar con él a España toda.

Ramón Pérez Maura