Luis Ventoso

Y ellos, a lo suyo

Conclusión: pisotean la ley, pero nadie los suspende de sus cargos

Luis Ventoso
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Evasores fiscales, trapicheros, bárbaros que conducen beodos a 190, concejales prevaricadores, cobardes que machacan la honra ajena en las redes sociales y quinquis que guindan pisos. Todos deben estar batiendo palmas ante las singulares innovaciones que llegan de Cataluña. Puedes delinquir a manos llenas, con el agravante de hacerlo desde un cargo público y para destruir el Estado, con la tranquilidad de que a título personal no recibirás castigo inmediato. Eso, y no otra cosa, es lo que perciben el común de los españoles. Lo expresan en bares y guasaps de un modo que tal vez no sea jurídicamente impecable, pero que resulta convincente: "Si te saltas un semáforo en cualquier ciudad española y te pillan, al segundo te cae un puro. Pero Junqueras y Puigdemont, representantes del Estado en Cataluña como altos cargos de la Generalitat, se están fumando las leyes constituyentes de este país desde hace una semana y todavía no les ha pasado nada. Continúan en sus cargos ufanándose de cómo delinquen".

El Gobierno insurrecto de la Generalitat no solo ha ignorado las órdenes de la fiscalía y el TC y los avisos del Gobierno, sino que está forzando la maquinaria de su rebelión. Ayer Junqueras, cerebro del envite, anunció que suspende la información a Hacienda. Puigdemont, con recochineo chuleta, ofrece en su cuenta de Twitter un enlace para acceder a la web del referéndum que cerró la Guardia Civil. La Generalitat separatista presiona de manera autoritaria y abusiva a directores de colegios y alcaldes para que incumplan leyes y requerimientos judiciales. Anoche celebraron el gran mitin de arranque de su campaña, solo horas después de que el delegado del Gobierno les advirtiese de que suponía un delito.

El problema es evidente: están fuera de control, porque han instaurado una supuesta legalidad catalana y para ellos la española ya no rige. El curso de las querellas es tan moroso que les permite avanzar impunemente (la condena a Mas por el 9-N llegó ¡dos años y cuatro meses después!). ¿Se podría hacer algo más? Por supuesto. Es lamentable que quienes perpetraron el golpe contra nuestra democracia de la semana pasada no hayan sido suspendidos de funciones por el TC. También cabría conformar una mayoría constitucionalista que llevase al Congreso de inmediato la recuperación de la ley que convertía en delito penal la convocatoria de un referéndum ilegal, retirada en su día por el calamitoso Zapatero (pero la ambigüedad de Sánchez y la felonía abierta de los comunistas de Iglesias lo dificulta, con Colau alardeando ya de que ha descubierto como incumplir la ley impunemente). Cada día que Rajoy, Santamaría y el fiscal general aparecen con rostros solemnes anunciando todo el peso de la justicia sin que luego ocurra nada, los sublevados reciben oxígeno.

Si esto fuese un partido de fútbol, por ahora el resultado sería inquietante: Sediciosos, 2 – Estado, 0. Al final ganaremos, pero por ahora nuestra defensa hace agua. Jamás debió haberse permitido que un Parlamento regional español aprobase dos leyes golpistas, como ocurrió en Cataluña la semana pasada.

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