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Y Casillas de portero... Álvaro Martínez

El camarero que el movimiento indignado encumbró como héroe volvió ayer a la puerta. No pasó de allí. Su intención era protestar en un acto de IU donde se alababa la democracia de Maduro

Y Casillas de portero...

Alberto Casillas, el camarero que el movimiento indignado -protozoo de Podemos- encumbró como héroe por impedir a la Policía entrar en el bar de Recoletos donde se refugiaban algunos protagonistas de aquella algarada violenta de «Rodea el Congreso», volvió ayer a la puerta. No pasó de allí. Su intención era protestar en un acto de IU -ese vestigio político enterrado por Garzón- donde se alababa la democracia de Maduro. «Están matando jóvenes», clamó Casillas desde el dintel cuando los propagandistas, en el estrado, se deshacían en elogios al sistema electoral chavista; el mismo día, por cierto, en que la ONU denunciaba la sistemática vulneración de los derechos humanos y la práctica habitual de torturas por parte del régimen bolivariano.

Hace tiempo que Casillas se apeó del autobús indignado. Le bastó oír de cerca los primeros vagidos doctrinales del populismo, recién pisada la moqueta y degustado el primer sabor de la casta. Desengañado, ya en su día intentó reventar un acto de Iglesias en el Ritz, donde se fue el líder podemita a sacar pecho-palomo de su éxito en las europeas de 2014 (cinco escaños), cual Vladimir Antonov entrando en el Palacio de Invierno. Faltaba poco para su ascenso al poder local que luego le propiciaría Sánchez, conocido hoy como «el retornado». Podemos, nacido financieramente al alimón entre Caracas y Teherán, no se despega de la gratitud al chavismo que le dio la vida y sigue defendiendo el liberticidio madurista. No es de extrañar si tenemos en cuenta El Dorado que sus dirigentes se trajeron del Trópico en su día, dineral donde descuellan deslumbrantes los 420.000 euros de Monedero que, visto como se expresa, resuelven cualquier duda entre apoyar la satrapía de Maduro o denunciar los ciento y pico muertos y los miles de detenidos que se ha cobrado la represión bolivariana en los últimos cinco meses.

El desistimiento de Casillas, que ayer no pasó de la puerta, viene por sus lazos venezolanos. Pero hay más Casillas sin fotos épicas que ya se están dando cuenta de qué va la vaina. Mejor harían los podemitas en ir soltando el cabo que le están echando a Maduro si no quieren terminar ahogados con ese lastre. Defender a estas alturas al chavismo, chapotear en los charcos de sangre en las calles de Caracas, terminará pasándoles factura aquí porque habla bien claro de sus principios y, lo que es peor, de sus posibles futuras intenciones... Sánchez mediante.

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