Isabel San Sebastián - El contrapuntoSeguir

El voto útil de vascos y gallegos Isabel San Sebastián

El nombre de Alberto Núñez Feijóo constituye un plus para las siglas que encarna

SI hemos de hacer caso a las encuestas (lo cual es mucho pedir, dados los precedentes recientes), en el País Vasco y Galicia la ciudadanía tiene perfectamente identificada cuál es la ubicación útil de su voto. Mucho mejor, desde luego, que en el conjunto de España. Tal vez sea por el alto grado de aprobación que merece la actuación del favorito o acaso influya más en la elección el temor a la alternativa, pero lo cierto es que un significativo porcentaje de vascos, nacionalistas y no, piensa confiar en el PNV, mientras que los gallegos, probablemente por mayoría absoluta, se disponen a revalidar el mandato de Núñez Feijóo.

En la Comunidad Autónoma Vasca, donde hasta fecha reciente la línea divisoria estaba trazada entre constitucionalistas y separatistas (ya que el partido de Sabino Arana nunca ha ocultado esa condición), PP y PSOE se acercan a la irrelevancia, con 8 escaños cada uno en un Parlamento de 75. Es verdad que el PNV, al que los sondeos otorgan 27, necesitará el respaldo de uno u otro para gobernar con cierta comodidad, pero no lo es menos que el declive popular, unido al hundimiento socialista, supone en la práctica la desaparición de cualquier esperanza como la que representaron el gobierno de Patxi López y, sobre todo, el tándem formado por Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo Terreros en 2001. La esperanza de un País Vasco leal a España y a la Carta Magna. La esperanza de una tierra libre de violencia y de terror, sí, pero libre también de impunidad para los asesinos e iniquidad para las víctimas. La esperanza de un País Vasco digno. En aquellos comicios de 2001 el PP obtuvo 19 asientos en la cámara de Vitoria; el PSOE, 13; el PNV de Ibarretxe, 33; EH (hoy denominada Bildu), con Otegui a la cabeza, 7, y EB (lo más parecido a la actual Podemos), 3. Ahora, los herederos de Batasuna/ETA esperan conseguir 17, y los populistas de Iglesias, 14. Ante semejante panorama, parece evidente que muchos electores amantes de España y su Constitución, indefensos ante tamaña amenaza, optan por el mal menor y se echan en brazos de un nacionalismo conocido que, bajo el liderazgo de Íñigo Urkullu, ha recuperado al menos la sensatez en las formas, por más que conserve intacto su objetivo rupturista. El voto útil de los vascos irá a parar al PNV.

En el caso de Galicia es completamente distinto. Allí Alberto Núñez Feijó ha sabido gestionar el legado de Manuel Fraga y mantiene para el PP uno de sus principales feudos, pese a los vientos adversos que atraviesa la gaviota. Tal vez precise el apoyo del escaño que aspira a lograr Ciudadanos o tal vez no, pero conservará el poder ante el descalabro del BNG (de 7 a 2), fagocitado por la marea podemita (19), y el retroceso socialista, cuyo pronóstico es pasar de 18 a 15. Los gallegos ponen su estabilidad en manos del actual presidente de la Xunta, cuyo nombre constituye un plus para las siglas que encarna. Tanto, que en los pasillos de Génova se oyen murmullos crecientes referidos a su persona, como la más idónea para hacer valer esa utilidad en la cabecera del cartel nacional una vez que Rajoy haya dado un paso atrás, bien por haber conseguido su sueño de una segunda legislatura, bien por tirar la toalla.

En ambos «laboratorios», el País Vasco y Galicia, queda claro que el voto perfectamente inútil es el otorgado al PSOE, destinado al sumidero que abrió ZP en su día y no ha dejado de agrandar desde entonces Pedro Sánchez.

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