Jean-Claude Juncker, en una imagen de archivo
Jean-Claude Juncker, en una imagen de archivo - EFE
Editorial ABC

El virus nacionalista amenaza a Europa

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Desde que en 1951 se creó la Comunidad del Carbón y el Acero entre Francia y Alemania, la inercia en Europa ha estado orientada hacia la convergencia política, económica y cultural entre todas sus sociedades. La primera gran ruptura de ese movimiento fue la absurda decisión británica de salir de la UE, y un año y medio de negociaciones ha bastado para comprobar hasta qué punto es ilógico y contraproducente hacer lo contrario, es decir, separar lo que se ha construido en común y en democracia. Lo que proponen los nacionalismos regionales en toda Europa es destruir los Estados que forman la UE y hacerla inviable a costa de imponer sus particularismos, casi siempre imaginarios. La estabilidad del continente europeo puede verse amenazada por un virus que prolifera gracias a su ilimitada capacidad de utilización de la demagogia. Lo que está sucediendo en Cataluña no afecta solo a España, sino que es un fenómeno que irradia a toda Europa. La frase de Jean-Claude Juncker advirtiendo que sería imposible «una Europa de 98 Estados» es una forma de decir que si una región acabase imponiendo su inexistente «derecho a decidir» el precedente sería multiplicado con toda seguridad en quién sabe cuántas comunidades geográficas.

La destrucción de los Estados que la forman sería también la destrucción de la UE, que ha sido y es la mejor garantía de la paz y la estabilidad para los europeos. Cuando François Mitterrand dijo en 1995 que «el nacionalismo es la guerra» se refería a un fantasma que por suerte se había desvanecido en los viejos Estados europeos. Probablemente no se imaginaba que tendríamos que hacer frente a las pesadillas que han fomentado los dirigentes irresponsables de algunas regiones pequeñas, pero su advertencia sigue siendo igual de cierta.