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Trump, esa peligrosa tentación Edurne Uriarte

El presidente electo de Estados Unidos es un producto de la antipolítica, como lo es todo el populismo en alza de los últimos años

Entiendo esa tentación de defender a Donald Trump que asalta a la derecha europea. En la derecha política, por la constatación de los votos que da el populismo. Y en la mediática e intelectual, como respuesta a esa descarada doble vara de medir progresista que entendió, alabó y hasta encumbró a la extrema izquierda, desde Syriza a Podemos, y ahora se rasga las vestiduras por el triunfo de Trump. Además de descalificar alegremente a sus votantes tras haber defendido apasionadamente a los de Podemos y demás partidos chavistas, comunistas y antisistema porque eran, decían, víctimas de la crisis, de la desigualdad y de la injusticia.

Pero Trump es una peligrosa tentación. En primer lugar, por la dolorosa lección que han aprendido, o, mejor dicho, deberían aprender, los socialistas europeos entregados a la extrema izquierda. No hay más que ver a Pedro Sánchez y los suyos y a ese PSOE al que han convertido en tercera fuerza política en intención de voto de los españoles, tras legitimar a Podemos como deseable socio de izquierdas para impedir el Gobierno del ganador de las elecciones. La extrema izquierda está hoy en algunas instituciones europeas y puede estarlo en otras porque hay un socialismo que previamente lo ha justificado y apoyado entre sus propios votantes. Como le puede pasar a la derecha que opte por el abrazo a la extrema derecha, a Merkel si se acerca a Alternativa para Alemania o al futuro candidato presidencial de Los Republicanos si pretende parecerse a Marine Le Pen.

Esa primera visita europea de Nigel Farage a Donald Trump es toda una declaración de principios y un excelente recordatorio de la derecha en la que cree Trump. Que no es la de Theresa May, o la de Merkel, o la de Passos Coelho, o la de cualquiera de los líderes de Los Republicanos franceses, o la de Mariano Rajoy. Ni siquiera lo es la derecha representada por los principales líderes de los propios republicanos. Que, sin embargo, han ganado las elecciones, las presidenciales y las legislativas, con la imagen de Trump y mensajes y prácticas que no les gustan ni a ellos mismos. Ésta es la paradoja de la derecha norteamericana y el peligro que acecha a la europea. Y la segunda razón por la que Trump es una peligrosa tentación.

Porque Trump ha llegado a la presidencia con un alegato contra las élites políticas y las instituciones. Trump es un producto de la antipolítica, como lo es todo el populismo en alza de los últimos años. No se trata únicamente de la crisis económica. Probablemente es más importante la deslegitimación de los políticos y de las instituciones que se ha hecho desde los más variados lugares, incluidos los medios de comunicación. ¿Que los políticos son ineptos, corruptos y aprovechados que viven de los impuestos de todos los ciudadanos? Pues ahí tenemos a Trump, un hombre de nula experiencia política a sus 70 años que se dispone a dirigir las instituciones que previamente ha puesto en cuestión, incluido el propio resultado electoral, en caso de que no le fuera favorable.

Y también entiendo la irritación de muchos norteamericanos ante algunos abusos de las políticas de discriminación positiva o de los mensajes del feminismo más radical. Pero de ahí a encumbrar a la presidencia a un político de reconocidas tomas de posición xenófobas y sexistas hay una distancia. Una distancia que la derecha norteamericana se verá obligada a desandar y que la derecha europea, tercera razón, en ningún caso debe recorrer. Se trata de principios liberales, no sólo de votos.

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