Trump no tiene vergüenza

Qué poca vergüenza a la hora de proclamar valientemente su fe cristiana en Navidad

Antonio Burgos
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Igual que muchos han llegado a la solemne conclusión de que Donald Trump, ese presidente de Estados Unidos con nombre de pato de Walt Disney, no tiene vergüenza por su política con la Sanidad, los refugiados o los inmigrantes, he alcanzado la misma tesis pero por otra vía: la navideña. Y no se lo digo a Trump como insulto, sino como elogio. En este Adviento que confunden con el encendido de luces callejeras sin motivo religioso alguno, Trump no ha tenido vergüenza ninguna en enmendarle la plana a la política laicista de su predecesor Obama, la de desear «Felices Fiestas», y ha proclamado solemnemente desde sus creencias religiosas: «En la Navidad celebramos el Nacimiento de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Vamos a volver a decir "Feliz Navidad"». Óle tú.

El único reparo que le pongo es que Trump lo ha hecho desde la ola de Twitter que nos invade. Me parece totalmente impresentable que cuando un presidente de Gobierno o incluso el monarca de un Reino tienen que expresar su dolor a todo un pueblo por una desgracia de las que paradójicamente llaman «humanitarias»; o felicitar a un ciudadano por un éxito deportivo o cultural; o dar su pésame por la muerte de un ilustre personaje, en vez de poner a la familia o al jefe de la cuestión un telegrama, que para eso está el antaño muy rojeras y republicano Cuerpo de Telégrafos en Correos, van y colocan una cagadita en Twitter. Rajoy es muy de suplir los telegramas por los mensajes en Twitter, e incluso los firma con sus iniciales: M.R. Hasta la Casa de Su Majestad el Rey, antaño tan cumplidora con sus telegramas a dolientes o triunfantes, tira del Twitter para comunicar sus sentimientos. Estrictamente inadmisible desde el punto de vista de lo que antes se llamaba Urbanidad y ahora ya casi no existe.

Le pongo este reparo de Twitter a la poca vergüenza, ninguna, por proclamar sus sentimientos ante la Navidad que ha tenido Trump, echándole valor en la sociedad militantemente laica en la que vivimos, porque su mensaje no tiene desperdicio. Lo voy a transcribir en inglés, para que no haya dudas. Ha puesto el tío, qué poca vergüenza a la hora de proclamar valientemente su fe cristiana en Navidad: «The Christmas story begins 2.000 years ago with a Mother, a Father, their Baby Son and the most extraordinary gift of all: the gift of God’s love for all of Humanity». Que traducido resulta, aproximadamente, no le echen mucha cuenta a mi mal inglés: «La historia de la Navidad comienza hace 2.000 años con una Madre, un Padre, su Hijo y el don más extraordinario de todo: el regalo del amor de Dios para toda la Humanidad».

¿Cómo se te queda el cuerpo, en esta España donde del Rey abajo, todos los políticos, en sus tarjetones de felicitación de Navidad, no se atreven a poner nada que suene a religioso, por el poder de la Nueva Inquisición de lo Políticamente Correcto, y recurren al neutro «Felices Fiestas», para que el laicismo militante no se mosquee? En cambio, cuando llega el Ramadán, bien que felicitan con dos co...ranes a la comunidad inmigrante musulmana que, no se olvide, suele votar al menos en las municipales. A nada de esto se atrevía Obama, que era como Zapatero, pero nacido en Hawaii y haciéndole el caldo gordo a la dictadura cubana. Y a nada de esto, que es lo más grave, contra la tradición española y contra la mayoría sociológica religiosa de nuestro pueblo, se atreven nuestras autoridades, que nos llenan las calles de lucecitas donde por ningún lado se ve no ya el nombre del Niño Jesús o de la Madre que lo parió en Belén, sino ni siquiera «Navidad». Todo es «Felices Fiestas». Y cuando me las desean, pregunto siempre lo mismo: «¿Qué Fiestas, las del Pilar o las de San Fermín, riau, riau?». Así que óle tú, Donald Trump, que no tienes ninguna vergüenza en proclamar lo que hay que decir y les deseo a ustedes: «Felices Pascuas de Navidad y Reyes».

Antonio BurgosAntonio BurgosArticulista de OpiniónAntonio Burgos