José María Carrascal

Tourist go home!

Esos anarcoterroristas saben que sólo en una España pobre podrán imponer su utopía igualitaria, que significa igualar por lo bajo

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El turismo es nuestro petróleo. Con él pagamos el petróleo que consumimos y otras muchas cosas que no producimos. Representa el 11,1 por ciento de nuestro PIB. En la costa mediterránea, el 20, y en los archipiélagos, casi el 50. O sea, que sin él seríamos mucho más pobres y viviríamos bastante peor. Sin embargo, nunca estuvo bien visto entre nosotros, lo que sería lo mismo que si los saudíes aborreciesen el petróleo. Las causas son varias y no la última que el turismo de masas se inició bajo el franquismo, lo que le descalifica a ojos de bastantes españoles. Se le acusa también de los daños ecológicos que causa, cuando sus autores son las autoridades que lo permiten. Sin olvidar la vergüenza íntima de convertirnos en «un país de camareros». El clásico complejo de un país de señoritos, cuando deberíamos enorgullecernos de tener los mejores camareros del mundo. Desde luego, mucho mejores que los suizos, que podrían ser llamados lo mismo (aparte de «país de banqueros», que es bastante peor) y no se molestan en absoluto. Para resumir: esos remilgos de los españoles hacia el turismo son una gilipollez, cuando no algo peor.

Y lo peor ha llegado con la guerra que la extrema izquierda ha declarado a nuestra principal industria, allí donde es más floreciente: Cataluña, Baleares y Valencia, con ataques de todo tipo, que ellos califican de simbólicos pero seguro que no les gustaría nada si se los hiciesen a ellos. Que el rechazo se haya extendido al País Vasco convierte la algarada en amenaza. Ya sabemos cómo las gastan allí cuando algo no les gusta. Las pintadas lo dicen todo y si siguen con el «Tourist go home» seguro que lo consiguen. No hay ave más espantadiza que el turista. Poco importan a esos extremistas los daños materiales que causan. Diría más: uno de sus principales objetivos, si no el primero, es impedir que España continúe creciendo, lo que no favorece a sus intereses. Esos anarcoterroristas saben que sólo en una España pobre, miserable, frustrada podrán imponer su utopía igualitaria, que significa igualar por lo bajo, menos sus mandos, que viven como los antiguos señores feudales. Ecología y desarrollo les traen al pairo. Lo único que les interesa es destruir el actual sistema liberal-capitalista. ¿Acaso no se llaman antisistema?

Como primera industria de España, el turismo necesita una reflexión conjunta para encontrar soluciones a sus problemas, que son de crecimiento, no de contracción, que vendría si quienes le atacan logran su objetivo. Necesitamos diversificarlo tanto en lugares como estaciones —España, continente en miniatura, lo permite— y buscar la calidad tanto como la cantidad. Algún día les hablaré de ello con la extensión que merece, si salimos de ésta. Pues eso requiere una planificación a nivel estatal que hoy es prácticamente imposible con una izquierda cuyo único objetivo es acabar con el gobierno del PP, aunque signifique aliarse con los que quieren acabar con España.