Sobre la Justicia alemana

No hay un hombre que sepa y entienda el entero derecho vigente en Alemania

José María Carrascal
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La crítica más dura a la Justicia alemana no la ha escrito ningún extranjero, sino un alemán, Un alemán, además, que era juez y alcanzó la presidencia del Tribunal Superior de Frankfurt, aunque su popularidad se debe a sus escritos, de temas jurídicos la mayoría, muy en especial «Im Paragraphemturm. Eine Streitschrift zur Endideologisirum der Justiz» («En la atalaya del articulado. Un alegato para la desideologuización de la Justicia»), publicado por la Editorial Luchterhand, bajo el pseudónimo de Xaver Berra, al ser su nombre Theo Rasenhorn. Me condujo a él quien fuera mi guía en mis años alemanes, Sebastían Haffner, al que me habrán visto citar más de una vez, y voy a seguir su reseña del libro para no perderme, pues Haffner iba también para juez, antes de exilarse en Inglaterra, vista la tempestad nazi. Ambos coinciden en que el problema de la Justicia alemana es muy anterior y se debe al titánico esfuerzo de encerrar en los distintos códigos, desde el Penal hasta el de Comercio, todas las normas del comportamiento humano, señalando por defecto cuando se infringen. Y como eso es prácticamente imposible, apelando a la jurisprudencia de tribunales superiores para llenar los huecos. Se me dirá que eso ocurre en todas la legislaciones del mundo. Pero no con el extremismo y rigidez que la alemana, hasta el punto, cito a Haffner, «de sustituir el Derecho por la Ley, una ley, además, inentendida e ininteligible, incluso para los propios jueces…, con una pequeñísima élite de superjuristas que procuran mantener orden en el articulado en publicaciones especializadas, aunque lo cómico es que, en esa aristocracia de la jurisprudencia, cada uno sólo abarca un pequeñísimo territorio de su especialidad. No hay un hombre que sepa y entienda el entero derecho vigente en Alemania… Cada proceso es una lotería, con una sentencia así, y la otra asá, sin garantía de que la de la máxima instancia sea la correcta. Bien mirado, el juez es un elemento perturbador en nuestro sistema. Ya que los legisladores han querido prever y prejuzgar todo tan milimétricamente, que sería más apropiado meter en un cerebro electrónico los veinte o treinta mil artículos que contiene el derecho vigente en Alemania, acompañados de varios miles de sentencias decisivas de los altos tribunales, lo que al menos suministraría resultados seguros, idénticos en cada caso, previsibles, garantizados, contra los fallos humanos».

Al releer el ensayo de Haffner sobre el libro de Berra he entendido la sentencia del tribunal superior de Schleswig Holstein sobre la demanda de extradición de Puigdemont. Equiparar la protesta por la ampliación del aeropuerto de Frankfurf con el golpe de Estado perpetrado en Cataluña no se le ocurriría ni a un ordenador pre Window. Aunque mucho más grave es que, según la doctrina de ese fallo (en el doble sentido de la palabra), ni el putsch de Hitler en 1923 ni el asalto de Tejero al Congreso en 1981 fueron rebeliones por no conseguir derribar el orden vigente en Alemania y España. ¡Anda que si lo logran! Bueno, el primero lo logró.

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