Editorial

Sánchez atiza el incendio del PSOE

Este viernes solo cabía imponer un mínimo de mesura, a modo de jornada de reflexión

Sánchez, el viernes en Ferraz
Sánchez, el viernes en Ferraz - EFE
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Los últimos dos días habían alcanzado en el PSOE tal grado de histrionismo que ayer solo cabía imponer un mínimo de mesura, a modo de jornada de reflexión. Sin embargo, Pedro Sánchez decidió agitar los ánimos in extremis con una comparecencia nocturna –sin preguntas– con la que trató de mediatizar a la militancia socialista, su única y última esperanza para sobrevivir políticamente, contra un sector crítico al que presentó como poco menos que aliado de Rajoy.  Con su ultimátum de anoche, con el que sugirió la posibilidad de dimitir si hoy es derrotado, Sánchez aguanta el embate de los críticos, mientras estos mantienen un pulso sin tregua por el control de Ferraz. Es cierto que la Ejecutiva disuelta y en funciones que aún lidera Sánchez pidió formalmente a los militantes que no conviertan el Comité de hoy en un circo callejero. Y es cierto que dirigentes como Ángel Gabilondo o Patxi López han tratado de aportar calma. Sin embargo, la intervención de ayer de Sánchez hace ya imposible cualquier acuerdo.

Eso es precisamente lo que falta ahora en un partido imprescindible para nuestra democracia. El PSOE está en el trance histórico de redefinir un proyecto caduco, entregado al populismo e inclinado a aceptar las tesis del independentismo como palanca. El interés de los críticos en frenar semejante disparate es legítimo por el bien del partido, pero dilucidar en qué se quiere convertir el PSOE es algo que ahora mismo requiere prudencia, generosidad y equilibrio. Sobran la demagogia y el maniqueísmo de Sánchez. La imagen que ofrece Ferraz es la de un partido inmerso en el riesgo de convertirse en un ente residual dependiente de Podemos. Cuanto antes se aclare y corrija la dinámica a la que Sánchez lo ha condenado, mejor para España.

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