Reírse de las víctimas

Ahora viene Jean-Claude Juncker y le dice a quienes lo sufrieron que Carlos Marx fue un ciudadano europeo ejemplar

Ramón Pérez-Maura
Actualizado:

Podrá parecer increíble. Mas es una verdad incontestable. Hay datos elementales que es necesario repetir una y mil veces. Carlos Marx fue un alemán que generó una de las teorías políticas más dañinas de todos los tiempos. La que más pobreza ha causado en el mundo, la que ha provocado casi cien millones de muertos. La que ha engendrado una falta de libertad sin igual, como sigue viéndose hoy en día en los estados que se proclaman comunistas, cual pueden ser Cuba o Corea del Norte. Como «hay gente pa’ to», que decía el Guerra, el pasado fin de semana se ha conmemorado en la ciudad alemana de Tréveris el bicentenario del nacimiento de este ser perverso que a tantos sedujo a lo largo de la historia y a tantísimos sigue conquistando, pese a lo irrefutable del mal causado.

Que sus conmilitones quieran evocarlo me parece muy bien, porque a diferencia de ellos, yo creo en la libertad de cada uno para celebrar lo que tenga por conveniente. Pero lo verdaderamente increíble es que el pasado sábado el acto central del homenaje a Carlos Marx lo protagonizara el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Junker. Hasta donde sabíamos, Juncker es el primer presidente de la Comisión elegido por sufragio universal. Y fue el candidato del PPE, que hasta donde yo recordaba es la formación que representa al centro derecha europeo. Pero Juncker fue a Tréveris a reivindicar el europeísmo de Marx y negar su responsabilidad en la muerte de los millones de víctimas del marxismo. A mí me gustaría saber si Juncker ha dedicado un minuto a pensar cómo ha sentado su intervención en ese acto en los países de la UE que sufrieron dictaduras marxistas hasta 1989. Los países en los que la foto de Marx presidía las aulas de las escuelas en las que se enseñaba a odiar. Marx fue la antítesis de los valores sobre los que se construyó la UE. Países como la República Checa, Hungría, Bulgaria o Polonia, entre otros, superaron el comunismo y se integraron en la UE para disfrutar de la libertad. Y ahora viene el señor Juncker y les dice que el creador intelectual de sus dictaduras fue un ciudadano europeo ejemplar. Y, lo que es peor, ofrece fondos europeos para financiar el homenaje. Es decir, esta reivindicación del totalitario se ha pagado con mi dinero y con el dinero de los damnificados de Marx. Esto es lo más parecido que hay a reírse de las víctimas. Y después quiere el señor Juncker ir a Polonia y a Hungría a dar lecciones de democracia a unos gobiernos que le resultan incómodos. Yo me pregunto si antes de hacerlo se oteará en el espejo y será capaz de mantener la mirada.

Llevo casi toda mi vida defendiendo la causa europea, con sus virtudes y defectos, que son muchos. Creo que la alternativa a una Europa que funciona mal no es la no Europa. La alternativa es la Europa que funciona bien. Pero en ocasiones como ésta me acuerdo de lo que decía mi padre en casos similares: «Es que te quitan la afición...».

Ramón Pérez-MauraRamón Pérez-MauraArticulista de OpiniónRamón Pérez-Maura