Luis Ventoso

El plus

Un ayuntamiento ha inventado las gratificaciones por# cumplir el horario

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España lleva 59 años sin ganar un solo Nobel de ciencias, lo cual tiene mérito tratándose de un país de los más desarrollados. El último que obtuvo el galardón fue el asturiano Severo Ochoa, en realidad radicado en Estados Unidos. Sin embargo no se puede decir que seamos un país poco creativo. Del displicente «¡Qué inventen ellos!» de Unamuno hemos pasado a la era de invención constante. España no cesa de aportar novedades de toda índole, algunas asombrosas. Nuestros colosos de la cocina han creado la «tortilla deconstruida» y los «percebes con gelatina de verduras». Además son grandes humanistas, el más espeso podría platicar de tú a tú con Wittgenstein y hasta impartirle un par de lecciones de filosofía. Hemos inventado a los tertulianos, la revisión mejorada de los humanistas multiusos del Renacimiento, que lo mismo fijan criterio sobre la carestía de la lamprea del Miño que se marcan un speech sobre las connotaciones políticas de la lumbalgia de Mariano tras el trote exprés por las corredoiras de Pontevedra, por las que vuela con aliento entrecortado, como si lo persiguiese ese ramillete trepilla que aspira a menearle el sillón perenne. Hemos afianzado el Derecho como ni los romanos clásicos se atrevieron a hacer, con innovaciones como la Pena de Telediario, los jueces chupa-foto, la prisión provisional abusiva y tercermundista, la filtración instantánea y los récords Guinnes en retraso de resolución de causas. Hemos parido los programas del corazón de bucle perpetuo, con famosetes tipo choni de extrarradio, y también la televisión pro comunista de capital catalán de derechas. Somos incluso el único país que se dedica a escupir a su primera industria, el turismo.

Pero si me tuviese que quedar con uno de solo de nuestros logros, elegiría la abolición de la responsabilidad personal, la más llamativa de nuestras creaciones. ¿Qué es España? Pues es el país donde nadie tiene culpa de nada. Si un maquinista ferroviario entra en una curva señalizada como peligrosa al triple de la velocidad permitida -y fuchicando con su móvil- y acaba provocando una catástrofe dolorosísima, la culpa por supuesto es de la curva, porque la responsabilidad personal no existe. Si unos guardias de seguridad bloquean el Prat en pleno agosto, amargando a mala fe el descanso anual de miles de personas y reclamando una disparatada subida salarial del 30%, la culpa es del Gobierno y de Aena, jamás de los chantajistas estivales. Si a Cristiano y Messi los pillan choteándose del fisco, la culpa es de Hacienda y los jueces, que no entienden que la emoción del fútbol debe estar por encima de la ley.

Leo en la prensa provincial que el Ayuntamiento de Ponteareas, población de 23.000 habitantes gobernada por el BNG nacionalista, ha aprobado un plus para sus funcionarios por ir a trabajar. El que cumpla al menos el 90% del horario obligatorio cobrará el complemento. Al visionario alcalde lo están poniendo verde. Pero en realidad no ha hecho más que adaptarse al espíritu de los tiempos. Cumplir el horario laboral es una proeza que debe ser recompensada y una sedición xenófoba y golpista se llama «derecho a decidir». España. Siglo XXI. El país de las maravillas.