José María CarrascalSeguir

Pitos en vez de aplausos José María Carrascal

En el PSOE forcejean dos tendencias: la de una oposición flexible y la de «al PP, ni agua»

No es que no le hayan dado los cien días de tregua que solían darse a un nuevo gobierno. Es que no le han dado ni cien horas. Antes de que pasaran las primeras veinticuatro, el compacto, risueño y dialogante nuevo equipo ya estaba sometido al fuego graneado desde todos los ángulos. Los menos agresivos (Ciudadanos) le soltaban «Rajoy ha pensado más en su partido que en el país». Mientras desde el PSOE le aconsejaban «despertarse si soñaba que íbamos a darle estabilidad durante la legislatura». De Podemos y los nacionalistas, mejor no hablar. Pidiendo todos que comparezcan uno tras otro los 13 ministros ante el Congreso para jugar al pimpampum con ellos.

¿Sorpresa? Pues no. Si han permitido su investidura no es porque Rajoy les caiga simpático, sino porque la alternativa eran unas nuevas elecciones de las que saldrían peor aún de lo que están. Pero ya en el Gobierno, van a demostrar ser lo que vienen anunciando: una oposición de colmillo retorcido. Como venían haciendo. Lo que significa: no reconocerle el menor éxito, por más que las cifras lo avalen en el terreno económico, y continuar acusándole de todas las maldades que caben en el corazón humano, desde el robo indiscriminado a la opresión de los humildes, pasando por la falta de libertades y el desmontaje del Estado del bienestar que dicen haber creado, olvidando que lo dejaron en la ruina. Seguirán diciendo que Gürtel es el mayor escándalo de corrupción en la España democrática, aunque el dinero escamotado de los ERE sea infinitamente mayor, y que está vendido a los ricos y poderosos nacionales e internacionales. En una palabra: tras haber permitido su investidura, sólo le permitirán gobernar para que desmonte las medidas que ha tomado y renuncie a su programa electoral. Listos que son.

Imagino que Rajoy es consciente de ello, aunque no lo dice, como casi todo. Pero hace bien en anunciar su intención de diálogo y pacto, para que las cosas queden claras desde el principio y los españoles podamos visualizar quién es el que quiere que el paro siga bajando, lenta pero ininterrumpidamente, que se aborden la viabilidad de las pensiones, el caos de la educación, el desafío nacionalista, nuestro encaje en Europa y tantos otros problemas pendientes, desde una postura realista y conjunta, y quién busca sólo boicotear la acción del Gobierno, sin tomarse la molestia de presentar opciones viables en todos esos asuntos.

Resulta evidente que en el PSOE forcejean dos tendencias tan distintas que será difícil que haya acuerdo entre ellas: la de una oposición flexible, ajustada a las circunstancias, y la de «al PP, ni agua». De hecho, sin embargo, no tienen alternativa, porque esto último les devolvería a lo que han intentado evitar: a unas nuevas elecciones. Lo que haría inútil el sacrificio que acaban de hacer y, más grave todavía, cedería a Podemos la titularidad de la oposición. Si ambos no han estallado antes. Nada fracasa más que el fracaso y todos ellos llevan ya unos cuantos.

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