Piove, porco governo

Los españoles aún no nos hemos enterado de que el Estado somos nosotros

José María Carrascal
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La frase se la oí a un colega italiano, en Berlín, hace medio siglo, y no era lluvia, sino nieve lo que caía. Se lo advertí y me dijo que daba igual, que el gobierno siempre tiene la culpa. Con tozudez muy española, insistí que nuestros gobiernos estaban lejos y me respondió sonriendo que no había que tomar las cosas al pie de la letra, lo importante es el sentido. Y callé. Los italianos ven la vida desde el ángulo opuesto a los españoles -ellos se ríen de las desgracias, lo que les permite superarlas, mientras nosotros las dramatizamos, empeorándolas-, de ahí que caigan siempre de pie en vez de agrandar la herida, como hacemos. «Os falta fineza», nos reconvienen amablemente, porque, en al fondo, admiran nuestra rudeza.

Me ha traído a la memoria la lejana anécdota el follón armado en la AP-6 la noche del 6 al 7 de enero, como carbón que los Reyes Magos nos hubieran puesto por desvirtuar tan groseramente su fiesta. Pero ese caos automovilístico no es nada comparado con el de la Dirección General de Tráfico, Iberpistas, el Ministerio de Interior y el de Fomento, apuntándose con el dedo y diciendo «el culpable es ése», nuestra frase favorita. Por no hablar de los atrapados en el atasco, que lo que dicen no es publicable en un periódico que guarda las formas, como ABC. Solo faltan que metan a la Agencia Nacional de Meteorología para el completo, porque los partidos ya están metidos, con el ánimo partidista de siempre. He vivido alguna «nevada del siglo» en Berlín, donde la eficacia germana las convirtió en mero inconveniente, y en Nueva York, donde en el aeropuerto Kennedy reinó el caos y aún hoy cuesta cruzar las calles debido al nevadón, sin que nadie pida cabezas. Pero si no limpias la acera ante tu casa, alguien resbala y va al hospital, lo pagas tú. Quiero decir que las catástrofes naturales («Act of God» en inglés) tienen muchos padres, mientras en España sólo tienen uno: el gobierno de turno, no importa el color. El damnificado, en cambio, nunca tiene la culpa. Y me pregunto, ¿cuántos de los que se echaron a la carretera en 6 de enero, sabiendo que iban a pasar puertos de montaña, metieron cadenas en el maletero o prestaron atención al parte meteorológico? Todos los medios de comunicación venían anunciando una gran nevada desde el jueves, como ha detallado en estas páginas Ramón Pérez Maura. Lo que no excusa a la DGT, Iberpistas y los dos ministerios responsables, que tampoco tomaron las debidas precauciones. Y pasó lo que tenía que pasar. No echo la culpa a nadie, porque es de todos. Seguimos «disparando primero y apuntando después» como me habrán oído decir alguna vez, y cuando las cosas se tuercen, «las reclamaciones, al maestro armero», otra frase que nos encanta y se refiere al Estado. El Estado es el causante de todos nuestros males y el alivio de todas nuestras penas. Lo que significa que los españoles aún no nos hemos enterado de que el Estado somos nosotros.

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