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Pido demasiado Gabriel Albiac

Un Estado europeo moderno, sin forales residuos feudalistas. Parece algo elemental. Pero sí, ya sé que pido demasiado

Gabriel Albiac - Actualizado: Guardado en:

El callejón sin salida en que agoniza el PSOE se llama Cataluña. Que es el nombre del callejón sin salida en el que está atrapada España. Ni el PSOE sobrevivirá a la escisión del PSC, ni España saldrá viva de la secesión -de aquí a un año- de la región catalana. No es bueno hacerse fantasías. Ni hay mal menor al que apostar en los posibles desenlaces de este juego. Una declaración unilateral de independencia, bajo el impulso de la ex-Convergencia, Esquerra, CUP y la complicidad de PSC y Podemos, abriría una dinámica implosiva de la que ningún territorio en España quedará al abrigo.

No hay toreo de salón aquí. En el siglo XX existen tan sólo dos precedentes: el desmembramiento del Imperio Austrohúngaro tras la Gran Guerra y la voladura de Yugoslavia tras el fin de la Guerra Fría. En la primera, germinaron las semillas del nazismo y de la Segunda Guerra Mundial. La segunda nos devolvió a una lógica del genocidio que creíamos irrepetible. Quienes sueñan con la muerte apacible de una nación, sólo pueden ser o imbéciles u homicidas. El PSOE es hoy la clave de ese juego: un tablero de masacre que interioriza en sí la quiebra del Estado en Cataluña y la prolonga en los ayuntamientos y comunidades autónomas españoles que la imbecilidad (mejor que sea eso) de la difunta dirección sanchista entregó a un populismo sin más objetivo que el de hacer saltar el Estado sin estrategia alguna de recambio.

La tenaza era, entonces, tan suicida como verosímil. Se trataba de sustraerle al Estado el mayor número posible de dispositivos institucionales. Sin ni siquiera tomar su control: se delegaba eso en manos vicarias. El carácter minoritario de estas daba un plus táctico: no podrían operar sin beneplácito del PSOE. Ni los populistas colocados en Madrid y Barcelona, ni los independentistas de la Generalidad harían nada que desagradara a Sánchez. Si lo que éste quería era ser presidente, no era una táctica mala. Tenía un precio -todo lo tiene-: la extinción de la nación española. Un golpe de partido frustró el golpe de Estado. Pero ni el uno ni el otro se han resuelto todavía.

¿Qué puede hacer Iceta ahora? Romper el PSOE. Emancipando al PSC. Tiene todo a su favor: el PSC es un partido independiente, federado al PSOE. La disciplina del grupo socialista en el Parlamento no lo concierne. Así, el Comité Federal del domingo habrá de elegir entre dos trances letales: si Iceta gana, los socialistas españoles serán agentes de la secesión catalana. Si pierde, estallarán en la votación de investidura. Y sólo quedará PSOE al sur de Despeñaperros.

¿Hay alguna alternativa a eso? Sólo una, que el egoísmo de partido hace inviable. Un gobierno en coalición de PP, PSOE y Ciudadanos podría poner fin a la balcanización en curso. Dar la esperanza de sobrevivir a esta terminal crisis de Estado y de nación que la Generalidad promueve. Poner en marcha, al fin, un Estado europeo moderno, sin forales residuos feudalistas. Parece algo elemental. Pero sí, ya sé que pido demasiado.

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