Isabel San Sebastián

Pedro Sánchez lo va a intentar Isabel San Sebastián

Alberto Núñez Feijóo se convierte en la gran esperanza blanca del PP, en calidad de sustituto o sucesor de Rajoy

Pedro Sánchez lo va a intentar
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LA primera lectura que imponen los resultados de las elecciones autonómicas celebradas ayer es que Alberto Núñez Feijóo se convierte en la gran esperanza blanca del PP, en sustitución de Mariano Rajoy o bien en calidad de sucesor si el actual presidente en funciones consigue finalmente revalidar su mandato, muy por delante de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, que aspiraba a esa nominación. Feijóo es el candidato favorito del partido, donde la número dos de Moncloa goza de escasos apoyos, y la hazaña que ha protagonizado en Galicia, logrando otra holgada mayoría absoluta, le acredita como el mejor preparado para afrontar ese reto. José Manuel Romay Beccaría, gran ministro de Sanidad, gallego como Rajoy y Feijóo, lleva algún tiempo preparando el terreno para hacer posible una operación tan delicada como indispensable para la renovación del PP, cuya puesta en marcha efectiva dependerá de lo que acontezca en los próximos meses en el bloqueado escenario nacional. Lo cual nos lleva a la segunda de las conclusiones extraíbles de las urnas.

Pedro Sánchez va a intentar, a la desesperada, constituir un gobierno apoyado por la extrema izquierda populista y el nacionalismo independentista. A pesar del descalabro de sus siglas en el País Vasco, a pesar de su significativo retroceso en Galicia, a pesar de la división interna que desangra a su Comité Federal, o precisamente por eso, lo más probable es que se agarre al clavo ardiendo de Podemos y trate de conservar la cabeza echándose en brazos de Iglesias, en cuyas manos estará el alumbramiento de ese Frankenstein político que nadie próximo al actual gobierno ha querido creer posible hasta hoy mismo. En su disposición a ponerle a Sánchez las cosas fáciles o su empeño en exigir poltronas y cuotas de poder equivalentes a una humillación pública, como ocurrió tras los comicios de diciembre, cuando sus expectativas electorales, en caso de repetición, eran bastante mejores que ahora. Los separatistas harán lo necesario para que nazca el engendro, incluido renunciar temporalmente a la exigencia de un referéndum de autodeterminación, porque lógicamente prefieren un presidente débil, rehén de su respaldo, antes que uno apoyado por fuerzas constitucionalistas. Sánchez lo va a intentar porque la alternativa para él es la muerte política, la desaparición de la escena y de la historia, apuñalado por sus propios compañeros. Lo va a intentar porque ninguno de los que critican sus pretensiones y susurran en los oídos del PP vagas promesas abstencionistas se atreve a dar un paso adelante cuando llega la hora de la verdad. Lo va a intentar aduciendo que en Galicia ha salvado los muebles y en el País Vasco el PSE resulta decisivo para asegurar la gobernabilidad, lo que convierte sus pésimos resultados en buenos. Lo va a intentar, salvo que los barones le doblen el brazo, cosa altamente improbable dado que hasta la fecha nadie se ha atrevido a amagar siquiera ese movimiento. Lo va a intentar porque nada tiene que perder intentándolo. Sólo cabe esperar, por el bien de España, que no lo consiga.

Y el bien de España me lleva a una última consideración, teñida de claroscuro. La luz la pone Feijóo, que ha sabido frenar en Galicia el avance del aventurerismo rupturista unido al de esa peligrosa "marea". La sombra densa, la pena negra viene de mi tierra, el País Vasco, donde tanta sangre derramada, tanto dolor y tanto coraje han terminado siendo inútiles. Allí ganan por goleada los recogedores de nueces, mientras los hijos de la serpiente rentabilizan sus crímenes. El premio a la claudicación, vestida de apaciguamiento, es la irrelevancia del PP y el castigo brutal al PSOE.

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