El pato

Fraternidad navideña: los huerfanitos independentistas han encontrado el amparo solícito del partido de Iglesias

Ignacio Camacho
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Igual ha pasado inadvertido en el vértigo de la crisis catalana, pero no hay rastros ni en la prensa ni en internet de la presentación de un recurso de inconstitucionalidad de Podemos contra las leyes de desconexión, ni contra la convocatoria del referéndum, ni contra la declaración unilateral de independencia. Ayer sin embargo se supo de la próxima entrega de uno contra la aplicación del artículo 155 y sus medidas excepcionales para frenar las consecuencias de esa legalidad paralela. Faltos de masa crítica parlamentaria para recurrir, los partidos independentistas han encontrado el amparo solícito del grupo de Pablo Iglesias, siempre atento al socorro de los más desfavorecidos y acaso ahora estimulado por la edulcorada emotividad navideña. Es tiempo de fraternidad y de sentar -como Roures en verano- a un soberanista a la mesa.

Tanto unos como otros tienen todo el derecho a recurrir; lo contempla la asfixiante legislación del Estado autoritario. Cada cual, además, escoge en cada momento con quién quiere salir retratado. Podemos es muy libre de brindar a los separatistas su voz, su apoyo y las firmas de sus diputados, y con ello presta un iluminador servicio a los electores definiéndose con sinceridad diáfana en la elección de bando. Conviene agradecer a Iglesias que despeje las ambigüedades cada vez menos ambiguas de Ada Colau, que se esfuerza por hacer equilibrios entre posiciones y conceptos contrarios: ahora ya sabe todo el mundo en qué bloque se sitúa el corazón del partido morado. Si defiende el derecho de autodeterminación, como los secesionistas, y suscribe con los secesionistas un recurso contra las medidas antisecesión, todo queda bastante claro. Por aquello que suelen decir los americanos de que si un animal anda como un pato, tiene plumas como un pato y hace cuac como un pato, resulta poco arriesgado aventurar que se trate de un pato.

Desde que Podemos apareció en la escena pública, rara vez -expresión generosa: en realidad nunca- se le ha visto en caso de duda al lado del constitucionalismo. Tiene sentido: su proyecto es la refundación del régimen, su sustitución por otro de nueva planta y corte bolivariano, y un vuelco del sistema político. Fracasado el asalto frontal, Iglesias ha visto en el proceso catalán un flanco de ataque sugestivo, sobre el que insiste en percutir por puro instinto. En cada oportunidad de alinearse, de elegir sitio, opta por el más alejado de la moderación, por el más desestabilizador; no sabe prescindir de su impulso subversivo. Buena noticia para el PSOE y para todos los demás: se está eliminando como alternativa, reduciendo su espacio, encerrándose en el furor rabioso, testimonial, del extremismo.

En cualquier caso, habrá que ver si el recurso de marras tiene recorrido. Sería muy divertido que un artículo de la Constitución resultase inconstitucional, pero cosas más extrañas hemos visto.

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