Otro PP es posible

Mariano Rajoy es el político español que más años de poder efectivo ha acumulado a lo largo de su trayectoria

Isabel San Sebastián
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Mariano Rajoy pretende poner nuevamente a prueba el título del discurso con el que su paisano Camilo José Cela recibió el premio Príncipe de Asturias en 1987: «En España, el que resiste, gana». En aquel momento, el actual presidente del Gobierno ya ocupaba un escaño de diputado en el Congreso, después de haber presidido la Diputación de Pontevedra. Desde entonces, nunca se ha bajado del coche oficial. Y es que don Mariano Rajoy Brey acaba de alcanzar un récord del que a buen seguro se sentirá profundamente orgulloso: es el político español que más años de poder efectivo ha acumulado a lo largo de su trayectoria. En democracia, se entiende.

La premisa de resistir ha sido, por tanto, faro, brújula y meta de su actividad profesional, desarrollada exclusivamente en el ámbito de lo público. El corolario de ganar ha revelado hasta ahora su carácter inapelable, toda vez que el veterano capitán de las huestes populares ha enterrado más enemigos internos y adversarios externos que cualquier otro actor de nuestro escenario patrio. Donde pone el ojo pone la bala. Le rodea una legión de pretorianos dispuestos a morir políticamente por él, desde la certeza, bien fundada, de que sin él no serían ni habrían sido nunca nada. Quien le planta cara lo paga caro. Sus amigos, por el contrario, medran al calor del Boletín Oficial del Estado o las empresas privadas en las que ejerce influencia. Es maestro en el arte de enfrentar a sus opositores entre sí, a fin de liquidarlos uno a uno, manteniendo sus manos limpias. De ese modo descarnadamente pragmático ha llegado hasta lo más alto del partido y del Ejecutivo, donde se propone permanecer al menos cuatro años más. De ahí que anuncie su intención de volver a encabezar la candidatura de los populares en las próximas elecciones generales.

Mariano Rajoy, suponemos, está muy satisfecho de su labor. En caso contrario, contemplará la posibilidad de dar un paso atrás y dejar que entrara en la dirección del PP savia nueva, ajena a la corrupción; a las terribles revelaciones que vamos conociendo sobre la financiación ilegal del partido y/o el enriquecimiento de dirigentes con cargo a los bolsillos del contribuyente esquilmado. Savia nueva, ajena a los incumplimientos flagrantes de promesas relativas a la defensa de la vida, la lucha contra el terrorismo etarra, incluido su brazo político, la política fiscal o la firmeza en la preservación de la unidad nacional. Savia nueva, ajena a las sucesivas derrotas electorales culminadas el pasado diciembre con la práctica desaparición del PP en Cataluña. Savia nueva, ajena al bochorno que experimentamos los ciudadanos viendo cómo el golpista Puigdemont se pasea por Europa para alardear de su hazaña, después de que el legítimo Gobierno de España se mostrara incapaz de impedir la celebración de un referéndum independentista, la proclamación de una «república catalana» y hasta la fuga de ese criminal que pone en solfa a este país con sus constantes provocaciones. Savia nueva, capaz de recuperar el espíritu de lo que fue y significó en su día el Partido Popular para esos once millones de españoles que depositaron su confianza en él y hoy, en número reciente, proclaman a los encuestadores su firme decisión de votar a otras siglas.

Ese PP todavía existe. Sobrevive a las purgas acogido al silencio de los corderos, rehén de su propia cobardía. Ese PP es posible. O lo sería, si el instinto de supervivencia individual no hubiese prevalecido hace tiempo sobre los principios, las convicciones y la voluntad de preservar un gran legado político.

Isabel San SebastiánIsabel San SebastiánArticulista de OpiniónIsabel San Sebastián