Oráculos alpinos

En Davos unos proclaman que todo va de cine y alguno, que de cráneo

Luis Ventoso
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En días normales, Davos, sita en un cantón suizo de habla alemana, cuenta con once mil almas. Tienen a gala vivir en la ciudad a mayor altitud de Europa (1.560 metros), en un fabuloso valle alpino cubierto estos días por un manto de nieve de récord. Su mayor negocio son los lujosos alojamientos para esquiadores, hasta que llega la segunda quincena de enero, momento en que la villa se convierte en el foro donde los oráculos del orbe meditan sobre cómo va el mundo. Entre gurús, gurucillos, mandatarios y plumillas se reúnen unas dos mil personas, a las que se suman dos polis suizos por cabeza para protegerlos. El plantel es imponente. Ayer hablaron los primeros ministros de India y Canadá, hoy Macron y Felipe VI, y también acudirá Trump. La idea nació en 1971, cuando un empresario ideó en Ginebra una fundación para el desarrollo mundial, la WEF. Aquel verano se le ocurrió llevar al retiro alpino a 44 pensadores. Con el tiempo la cita se trasladó al fresco enero. El invento fue creciendo hasta lo de hoy: el gran show de Davos (este año disertarán economistas del calibre de Cate Blanchett y Elton John, que habrían provocado un síncope a los padres fundadores del sanedrín...).

Davos es la bola de cristal de la economía y en esta edición los ánimos parecen elevados. Una encuesta entre superejecutivos señala que el 57% creen que el crecimiento global se reforzará en 2018 (el año pasado solo un 29% se mostraban optimistas). El mundo va bien. Estados Unidos crece un 2,7% y festeja la rebaja fiscal de Trump. Europa parece haber espabilado, aunque sea dopada por el BCE, China acaba de publicar un dato de PIB excelente... Pero en medio de la dicha ha aparecido un Pepito Grillo, un tal William White, un economista canadiense de 74 años, asesor de la OCDE y Merkel. Hasta ahí nada especial, otro pitoniso más. El problema es que el tal White telegrafió en 2007 el alud económico que se nos venía encima y ahora vuelve a hacer lo propio. «Todos los indicadores son muy similares a los que vimos antes de la crisis de Lehman», alerta. Y señala el problema: las inyecciones de liquidez de los bancos centrales y la llamada «expansión cuantitativa», la famosa QE, han distorsionado los mercados y nos han vuelto yonquis de la deuda. Nadie sabe qué va a pasar cuando se relaje la QE, «un fármaco que se ha aplicado sin conocer sus efectos secundarios», pero White anticipa un batacazo peor que el anterior y recuerda que «ya hemos agotado toda nuestra munición frente a las crisis». Le preocupan las «empresas y bancos zombis», sostenidos artificialmente por el crédito barato, y pide al mundo que «haga frente a la realidad».

Puede que White sea un alarmista que se regodea en el éxito de su vaticinio de 2007. O puede que se trate de un analista visionario (a priori, curar lo que fue una crisis de deuda contrayendo todavía más deuda no parece una gran idea). Pero si acierta, si realmente viene otro revolcón, es lástima que nos pille ensimismados con los iluminados del separatismo, en vez de estar aprovechando este oasis de crecimiento para pertrechar a España ante las galernas, que tarde o temprano llegan.

Luis VentosoLuis VentosoDirector AdjuntoLuis Ventoso