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El okupa Luis Ventoso

Parte de esta rabieta surrealista parece ya un problema psicológico

Sede del PSOE en Ferraz
Sede del PSOE en Ferraz - EFE
Luis Ventoso - Actualizado: Guardado en:

Siempre leo las «Cartas al Director» de los periódicos. Porque son una opinión apegada a la vida real, porque las personas que compran prensa suelen tener unas inquietudes superiores a la media y porque aportan un indicio del nivel de calidad de cada periódico (cuanto mejor es un diario, mejores suelen ser sus cartas). Las de ABC son excelentes, bien escritas, argumentativas y educadas, a veces también con chispa. Ayer había una muy aguda, que firmaba Cristina Leindía. Venía a decir que la mejor solución para desatornillar a Sánchez sería ofrecerle una salida laboral, un curro para que el okupa se avenga a desalojar Ferraz.

Muchas veces he pensado lo mismo que Cristina. Lo de Sánchez va más allá de un problema de fanatismo político. No consiste en la defensa dogmática de unas ideas, por la sencilla razón de que no las tiene (salvo que «no es no, ¿qué parte del "no" no entiende?» se considere pensamiento político). Existe un fuerte componente personal en este desparrame, que lo ha llevado a convertir Ferraz en el fortín del Álamo, que lo ha impulsado a lanzar a los seguratas contra sus compañeros discrepantes y a pedir que la Policía acordone la sede para la sesión de circo de hoy; que lo ha llevado a pretender montar un tinglado con Podemos –los que quieren zamparse al PSOE– y con los sediciosos catalanes, los que quieren zamparse España.

No hay que ser Sigmund Freud para concluir que en su mirada asoman los brillos de una obcecación casi enajenada. Sánchez, un concejal que iba en puesto bajo en las listas al Congreso y no salió ni diputado de apretar el botón, jamás soñó con verse al frente del partido que más tiempo ha gobernado España. Su cuento de la lechera lo llevó incluso a fabular con ser presidente tras despeñarse en las urnas (los sanchólogos apuntan que una Lady Macbeth azuza sus delirios monclovitas, no lo sé). Su puesto actual está tan alejado de sus capacidades que le cuesta horrores dejar la poltrona y reincorporarse a la vida laboral ordinaria. Antes de hacerse político profesional era profesor eventual en una universidad menor.

Por último, anida en él un odio patológico hacia su adversario. Siendo un ególatra que besa su imagen en el espejo y que considera a Rajoy un torpe provinciano, lo consume verse vapuleado por tan vetusto carcamal, cuando él es más joven, más progre, más guapo, mucho más inteligente y hasta más alto.

Nuestra lectora propone buscarle un empleo. ¿Montarle un bar? Con ese talante chuleta y desabrido en tres semanas no vende un vino. ¿Enviarlo de embajador al Vaticano, como antaño hacía el PSOE con sus críticos? Es ateo militante, y aunque Francisco está de rebajas… ¿Un programa en La Sexta titulado «No es no»? Podría ser. ¿Meterlo con Bono y Moratinos a hacer negocietes con Obiang? ¿Una consultora a medias con Monedero? ¿Asesor de Puigdemont para la desconexión, aprovechando que hay química? ¿Utillero del Estudiantes?

Qué lástima ver a un país de la importancia de España agarrotado por el empecinamiento egoísta de un mediocre. Esta tragicomedia debería concluir hoy. En medio de su delirio, hasta Sánchez, experto en baloncesto, sabe que agota los minutos basura.

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