Luis Ventoso

No es un referéndum, es una «performance», pero muy dañina

Desde el arranque de este domingo se hace patente que no estamos ante un referéndum

Luis Ventoso
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Desde el arranque de este domingo se hace patente que no estamos ante un referéndum. Es otra cosa. Una «performance», una suerte de trabajada puesta en escena teatral que sirve de protesta separatista masiva. Pero aunque se ha abortado casi toda la logística de la consulta, lo que está ocurriendo en Cataluña es muy nocivo para España. Al final vemos a un Gobierno autonómico insurrecto en plena acción, sin que a los tres cabecillas del golpe de Estado -eso es lo que es-, Junqueras, Puigdemont y Forcadell lo hayan pagado a título personal. Hasta esta hora delinquir les ha salido gratis: ¿O es que no es un delito aprobar leyes sediciosas, tratar de destruir España y desoír todas las órdenes del Constitucional y los jueces catalanes?

Algunos guiños rápidos:

-El primer titular de la mañana es que los mossos han incumplido, solo han cerrado unos diez colegios. Se han puesto de perfil. ¿Se puede permitir que una región de España de la importancia de Cataluaña, con siete millones de habitantes, esté en manos de una policía que desoye a los tribunales? Hoy mismo el Estado debería intervenir ese cuerpo, ponerse al frente.

-Los sediciosos separatistas muestran una vez más que son gente de ínfima catadura moral, entregados a las trampas y las dobles barajas. Han cambiado las reglas de juego sobre la marcha. Hoy mismo ya sirve imprimirse la papeleta en casa y el censo está extraviado en alguna nube digital, aunque en realidad no hace ni falta: simulará que vota quien quiera y como quiera allá donde no haya un guardia civil. No existe garantía alguna de nada (ni junta electoral, ni censo, ni papeletas, se vota en urnas que en adecuada metáfora recuerdan a los contenedores de basura). No es, evidentemente, un referéndum.

-Heroica la tarea de los guardias civiles allí desplegados para salvar nuestra legalidad y los principios de nuestra democracia. Admirable su templanza ante los acosos y su cuidado en evitar la violencia (una foto que añora Junqueras). Y surge aquí otro apunte: lo que nos ha costado a todos los españoles este desafío. Toda esa policía desplegada para lograr que la ley de la selva no sea la nueva legalidad de Cataluña la pagaremos con nuestros impuestos.

-Es un fracaso del Gobierno que al final sí se han distribuido las urnas chinas y se han llegado a abrir algunos colegios. No hay referéndum, pero sí se ha llegado a votar en algunos puntos.

-Toda esta insurrección se ha dejado ir demasiado lejos. España nunca debió permitir la foto que hoy verá el planeta. Es muy discutible la estrategia Rajoy-Santamaría, cuyo error primigenio fue permitir en 2014 el celebérrimo 9-N, una pantomima, sí, pero que sirvió a los separatistas para calibrar el coraje del Estado. Constataron que el Gobierno no hacía nada, que se arrugaba en nombre de una quimera de concordia con unos fanáticos, y se crecieron. El segundo error fue permitir la aprobación en sede parlamentaria de las leyes sediciosas de hace tres semanas. El tercero, dejar actuar con total impunidad hasta el final a los promotores máximos del desafío.

El discurso político a estas horas -por ahora el delegado del Gobierno en Cataluña- sigue siendo chato, solo de apelación a la legalidad, sin siquiera hacer una crítica contundente al abuso que esta mañana ha puesto en marcha la Generalitat.

Por último: ¿Qué más tiene que pasar para aplicar el artículo 155 de la Constitución, previsto para circunstancias exactamente idénticas a esta?

(PD1: La gran frase de Maquiavelo retumba esta mañana en los oídos de muchos demócratas españoles: «Si permites el desorden para evitar la guerra, tendrás desorden y después guerra»).

(PD 2: apoyen hoy las marchas en apoyo de España previstas por todo el país, den fe de que no somos una nación resignada ni derrotada, sino un pueblo libre y todavía con un rescoldo de dignidad).

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