Álvaro Martínez

La miseria

La miseria moral avanza a toda mecha, tan deprisa que nos parte el alma pues parece que esta lucha la hubieran ganado los canallas

Álvaro Martínez
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La catástrofe moral que comenzó con la metáfora "del árbol y las nueces" de Arzalluz parece irreversible. Ha enraizado tan poderosamente en el nacio-independentismo euskaldún que progresa a ritmo exponencial en el País Vasco y Navarra, donde las autoridades parecen mucho más preocupadas por el contenido "sexista" de las canciones que suenan en las fiestas de los pueblos, que en evitar los homenajes que se dispensan a los etarras retornados, bien por su propio pie o bien tras su óbito. Hasta ahí llega el disparate. Da la impresión de que es socialmente menos recomendable Luis Fonsi y su "Despacito" (uno de los temas no recomendados) que, por ejemplo, homenajear a Felipe San Epifanio, que el otro día salió de la cárcel y fue recibido en Bilbao con toda clase de vítores y aleluyas pese a acumular condenas por más de 250 años, de los que ha cumplido 23. Nunca se ha arrepentido ni pedido perdón por sus crímenes. Su historial incluye el asesinato del coronel Leopoldo García Campos, al que en 1994 descerrajó dos tiros por la espalda, como hacen los cobardes, en el barrio de Sants. El jefe de prensa del primer club de fútbol de Vizcaya, por ejemplo, dejó por escrito su alegría personal con un "bienvenido, amigo" Pipe. Venga va, vámonos de "txikitos" que aquí no ha pasado nada...

La exaltación o arropo de criminales convictos, muchos de ellos asesinos en serie, se repite estos días. Así ocurrió con el cadavérico retorno del etarra extremeño Pedro del Hoyo, "gudari" fallecido en prisión de un infarto y asesino múltiple. O con Kemen Uranga, que también tuvo su jubiloso "ongi etorri" en Ondárroa, su pueblo. Conocido como el "casero de ETA", se dedicó en cuerpo y alma a dotar de escondites a los pistoleros que iban liquidando inocentes. Un "aurresku", una chapela como el volante de un camión y un ramo de flores le entregaron, con los niños en primera fila... Así premiaron los celebrantes su colaboración con el sanguinario "Txapote", el mismo que mató a Miguel Ángel Blanco. Imaginen lo que habrán sentido los familiares del juez Lidón, asesinado en 2001 por los siniestros inquilinos a los que Uranga procuraba escondite.

Hemos llegado a un punto en que Luis Fonsi no debe sonar en la "txoznas" de las fiestas de Vitoria y, en cambio, los aledaños del recinto sí pueden estar decorados con una enorme orla con los rostros de asesinos etarras. Y la Ertzaintza, mirando pese a que es delito exaltar el terrorismo... ¿Despacito? Qué va, la miseria moral avanza a toda mecha, tan deprisa que nos parte el alma pues parece que esta lucha la hubieran ganado los canallas.

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