EDITORIAL ABC

ETA miente e insulta a las víctimas

La banda terrorista no merece un ápice de reconocimiento por su comunicado. La dignidad nacional no puede consentir que los asesinados por ETA mueran por segunda vez

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El comunicado de ETA difundido ayer por el diario Gara no aporta nada al estado de derrota en el que se encuentra desde hace años la organización terrorista. ETA se ha limitado a gestionar cínicamente un trance que antes o después tenía que pasar en ese proceso de mutación en organización social y política que quiere consumar. El contenido del comunicado es deleznable y mentiroso. No está dirigido a las víctimas sino al entorno proetarra, porque lo que ETA está pretendiendo es gestionar con agenda propia su defunción. Su perdón es una argucia para hipnotizar a incautos. Quiere legitimarse históricamente, entroncando su violencia asesina con la Guerra Civil española, para justificar los cientos de muertos y los miles de heridos -en cuerpo y alma- que ha provocado en cincuenta años de terror. Por eso sólo pide perdón por las víctimas ajenas al «conflicto», pero para las demás no hay más que la equiparación con los propios terroristas. Este comunicado no puede ni debe ser tomado como un avance en un proceso que está ya sentenciado con la derrota de ETA a manos del Estado. Una derrota conseguida con sangre, sudor y lágrimas, con la fuerza de las leyes y la superioridad moral del Estado. Quienes hagan apología de este comunicado y vean buena voluntad en sus autores contribuirán irresponsablemente con el fin último de ETA, que es blanquear su pasado. No habrá sorpresa si quien ejerce de apologista, además del nacionalismo, es ese sector de la izquierda que también se siente en parte derrotada con ETA. El terror de esta organización criminal fue nacionalista y marxista y, por esto mismo, recabó el apoyo y la comprensión de ambos sectores ideológicos.

ETA no merece un ápice de reconocimiento por su comunicado. Miente con su versión exculpatoria sobre su pasado. Con comunicado o sin él, su derrota ya es definitiva y ahora se afana en lograr lo que toda organización terrorista derrotada busca: un hueco en la actividad política y una salida para sus presos. La respuesta debe ser la que ha permitido al Estado su victoria sobre ETA: aplicar la ley y reivindicar a las víctimas. Por matar, la banda terrorista no tuvo premio; por dejar de hacerlo, tampoco; por justificarse con un comunicado inmoral, menos aún. Quedan decenas de asesinatos sin resolver, que están prescribiendo inexorablemente, en coincidencia con este nuevo comunicado. Falta el anuncio de la disolución para que ETA culmine su teatro de despedida y comience la fase del punto final a sus responsabilidades, en la que no le faltarán los tontos útiles que, mientras claman por la «memoria histórica», apremiarán al Gobierno para que facilite el olvido de sus crímenes. La dignidad nacional no puede consentir que los asesinados por ETA mueran por segunda vez.