Llamadme Luisa

Es tarde para que De Guindos se proponga a sí mismo un cambio de sexo

Carlos Herrera
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¿Debe ser Luis de Guindos vicepresidente del Banco Central Europeo? Pues no lo sé. Algo me dice que es mejor que lo sea que que no lo sea, pero mi conocimiento de las estructuras europeas es semejante al que tengo sobre el sostenimiento de los aviones en el aire: es mejor que vuelen y es peor que se caigan. A ver si soy capaz de explicarme: Guindos ha sido decisivo, le guste o no a la oposición de izquierdas, en el tránsito de una economía en clara decadencia a otra en evidente efervescencia, siendo cierto que todo el esfuerzo no lo ha hecho él. El esfuerzo ha sido cosa de los mortales, los demás, que nos hemos apretado todo lo apretable, pero también es evidente que sus directivas han tenido algo que ver. La economía española crece «porcima» del tres por ciento, crea empleo y augura buenas perspectivas para el año que nos ocupa. Es cierto que ese crecimiento no abarca a todos por igual, que el empleo es precario y los sueldos no son nada equiparables a lo deseable. Es innegable que la deuda pública y privada asusta a cualquiera y que aún nos queda mucho tramo para situarnos en niveles de empleo y productividad equiparables a la media de los países de nuestro entorno. Todo lo que queramos argumentar es verdad y seguramente nos quedaremos cortos. Puede que hasta tenga alguna muela picada y que de pequeño le robara un tigretón a su compañero de pupitre; pero lo cierto es que si tu preguntas en ámbitos europeos por De Guindos te sorprende comprobar que no vomitan sobre él la hiel del desagrado y que, incluso, muestran cierto aprecio sobre su persona. Dicho lo cual.

¿Ha sido detectada vida inteligente en la sede socialista de Ferraz? Pedro Sánchez ha hecho saber a los suyos que De Guindos no debe ser elegido en Europa y que, como ocurrió con Junker, su apoyo debe de ser distinto al de los intereses de gobierno español. ¿Cuál es la alternativa que propone? No se conoce. Partamos de una base: quien propone un candidato a un puesto de relevancia en la estructura europea es un gobierno y la oposición de ese país puede callarse o apoyar la candidatura. Pero no suele ser habitual que el partido B haga campaña entre sus socios europeos para que no sea elegido un miembro del partido A. Por varias razones: debilitas la representatividad de tu país y despistas a tus colegas comunitarios. El mejor argumento que se le ha ocurrido a Pedro Sánchez para impedir el nombramiento de Luis de Guindos como número dos del BCE es que es un hombre; ello sin aportar nombre alternativo de mujer que pudiera ser candidata ideal. No sólo no ha apoyado la candidatura sino que ha intentado boicotearla con sus compañeros ideológicos, sin percatarse de algo que parece evidente: cuando el gobierno español propone un nombre es lógico pensar que antes ha sondeado a sus posibles cómplices, siendo éstos principalmente alemanes y franceses. Si De Guindos consigue ser el dos del BCE, los sanchistas pierden en cualquier escenario: si sale elegido quedan mal, y si no, siempre se les podrá echar la culpa, aunque no la tengan.

Es tarde para que De Guindos se proponga a sí mismo un cambio de sexo, un tránsito de portavoz a portavoza, de economisto a economista. No le da tiempo a cambiarse el sexo, o el género, que ya uno no sabe qué es qué; pero siempre puede decir que se siente mujer y que su sueño siempre fue llamarse Luisa. Tal vez de esa manera consiga que la oposición no considere su candidatura como un desprecio a la mujer. Es verdad que tendrá que explicárselo a su familia, pero me da a mí que ni con esas.

Carlos HerreraCarlos HerreraArticulista de OpiniónCarlos Herrera