José María Carrascal

Lawless territory

Violar la ley es el deporte nacional en Cataluña, dañando ya intereses principalmente catalanes

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¿Va camino Cataluña de convertirse en un «Territorio sin ley» como aquéllos del Oeste norteamericano en los que la única ley era la del que sacase antes el revólver y tuviera el caballo más veloz? No es que vaya camino de ello. Es que empieza a serlo ya. La última prueba es ese manual para okupas que enseña a destripar pisos forzando su cerradura y tomar la electricidad de la farola más próxima para que la pague el ayuntamiento. Editado por la sección juvenil de uno de los partidos que gobiernan hoy Cataluña. Como quienes protagonizaron el reciente asalto a un autobús de turistas, los ataques a bicicletas, a los negocios que las alquilan o rompen escaparates de hoteles y tiendas de lujo. ¿Cuántos delitos hay en ello? Media docena por lo menos. Sin que se haya producido ni una sola detención, aunque han dejado tras sí todo tipo de pistas. Teniendo la desfachatez de pedir abiertamente la nacionalización de pisos vacíos y parques de atracciones. Claro que ¿puede extrañarnos si quien gobierna en Barcelona y Cataluña son precisamente quienes irrumpieron en la escena pública defendiendo una forma de hacer política que consiste precisamente en violar todo tipo de normas y de leyes, que les ha llevado, no ante los tribunales o la cárcel, sino al cargo que ocupan? Quien se asombre o escandalice es un idiota o un farsante.

En Cataluña se están infringiendo las leyes no desde ayer ni anteayer, sino desde que el nacionalismo ocupó el poder y conculcó las disposiciones que estaba obligado a hacer cumplir, empezando por la postergación del español en la enseñanza. Y eso no es lo peor. Lo peor es que lo hizo ante la pasividad del Gobierno español de turno, fuera del PSOE o del PP, que necesitaban sus votos para gobernar. E incluso sin necesitarlos, en los periodos que tenían mayoría absoluta. Por dejadez, por incuria, por el complejo de inferioridad ante unos catalanes más europeos, más demócratas, más emprendedores, más listos también, en lo que hay que darles parte de razón, pues nos convencieron de que les robábamos, cuando eran sus líderes quienes les robaban.

De aquellos polvos vienen estos lodos y violar la ley es el deporte nacional en Cataluña, dañando ya intereses principalmente catalanes. Si los nacionalistas creen que esos anarquistas que tan bien les han servido para adelantar su agenda, van a contentarse con atacar a los extranjeros (españoles incluidos), están muy equivocados. Luego irán a por ellos y a por sus negocios, como empiezan a hacer, entre otras cosas porque quieren hacerlos de otra manera, como dicen con el turismo. Una manera que nada tiene que ver con la burguesa y bastante con la de Castro y Maduro. Es su problema. Y el nuestro.

Por cierto, convendría recordar que el bandolerismo fue uno de los mayores problemas de Cataluña hasta que se incorporó plenamente a España bajo los Borbones. Camino de Barcelona, don Quijote se encontró con la cuadrilla de uno de los más famosos: Roque Guinart. Pero ésa es otra historia. ¿O es la de siempre?