Ramón Pérez MauraSeguir

El infinito poder de la mentira Ramón Pérez Maura

Todo es radicalmente falso por más que los escenógrafos pretendan probar su ingenio corrigiendo al genio que creó la obra

«La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira». Con esa frase empieza «El conocimiento inútil» (Planeta. Barcelona, 1989) la imperecedera obra de Jean-François Revel que dejó una huella indeleble en mi persona, quizá porque terminé de leerla el 15 de julio de 1989, dos días antes de incorporarme a ABC. Revel fue después un colaborador irregular del diario hasta su muerte y recuerdo sus visitas como quien memoriza momentos iniciáticos de su vida.

La mentira es hoy una inmesa fuerza, quizá incluso mayor que hace 27 años. La vemos por todas partes. Está muy presente en la política norteamericana, donde el infinito cúmulo de falsedades que ha caracterizado la carrera política de Mr. & Mrs. Clinton es la única razón por la que no se puede descartar hoy la posibilidad de que llegue a la Presidencia de los Estados Unidos un ser tan indeseable –y quién sabe si igual de mentiroso– como lo es Donald Trump. La mentira fue también elemento nuclear en la victoria del «Leave» frente al «Remain» en el referendo sobre el Brexit británico. Los ejemplos de esto son tantos que necesitaría esta doble página íntegra para poder enumerarlos. Recordaré tan sólo uno que ya he citado antaño en estas páginas. La cabeza visible del «Leave», el hoy ministro de Exteriores Boris Johnson, afirmó en un desayuno televisivo de la BBC que la UE se gasta todos los años 143 millones de euros –ni uno más, ni uno menos– en corridas de toros. Ya es extraño que siendo tanto dinero no haya en España un solo ganadero, torero o empresario taurino que jamás haya sido consciente de ello. Pero es el ejemplo perfecto de la mentira rentable: ¿Quién iba a salir en el Reino Unido a defender lo contrario, dando la impresión de estar apoyando algo tan escasamente aceptable allí como el enfrentamiento a muerte entre un hombre y una noble bestia?

Me vino a la mente el recuerdo del libro de Revel el pasado jueves mientras disfrutaba con el estreno de «Otello» en el Teatro Real de Madrid. Desde que estudié esa obra de Shakespeare con 15 años tengo memorizados unos versos que resumen la esencia de la mentira en torno a la que gira la obra: «Look to her, moor, if thou hast eyes to see. She has deceived her father and may thee». Esta frase del padre de Desdémona, Brabantino, a Otello podemos traducirla como «Mírala, moro, si tienes ojos para ver. Ella ha traicionado a su padre y puede hacértelo a ti». Afirmación que parte de la mentira de que ella nunca traicionó a su padre por enamorarse de Otello y lleva a la insidia de que Desdémona puede traicionar al héroe de los dogos venecianos, lo que llevará a éste a estrangularla. En la representación del Real me parece que la mentira es ensalzada por un montaje en el que «El Moro de Venecia» –título alternativo de la obra de Shakespeare– es interpretado por un tenor –Gregory Kunde– al que no se le hace ningún intento de disimular su origen anglosajón y revestirlo de magrebí u otomano. Hasta el punto que la habitual túnica del moro del personaje es sustituida por un abrigo más propio de un capitán de húsares prusianos. Todo radicalmente falso por más que los escenógrafos pretendan probar su ingenio corrigiendo al genio que creó la obra.

En estos tiempos en que tantas mentiras rodean nuestra cotidianeidad política –porque la corrupción que hay en todos los partidos políticos españoles sería imposible sin la mentira– conviene volver a ver Otello en el Real y reflexionar sobre las consecuencias de la mentira.

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